En las últimas semanas, hemos escuchado cómo existe un sinfín de adversidades a las cuales está expuesta la economía nacional. Diversos sectores se encuentran desacelerándose o simplemente no se encuentran a la altura de los requerimientos básicos de nuestro país.

A pesar de esto, existe uno que ha tenido números positivos en los últimos años y que debe ser considerado como un fuerte pilar para lograr un crecimiento económico sostenible: las exportaciones. Indaguemos un poco de la historia reciente, su alcance actual y los futuros retos.

El comercio internacional se ha consolidado en las últimas décadas. La impresionante apertura del país ha sido pieza clave del fortalecimiento de la economía nacional. Pasamos de tener un solo tratado de libre comercio con dos países en 1994, a tener 11 acuerdos que incluyen 46 países y un mercado de 1,200 millones de personas.

Las exportaciones mexicanas se han transformado de manera significativa. Mientras que, en la década de los ochenta, el 70% del valor de las mismas correspondía a sólo productos petroleros, ahora el 88% corresponde al sector manufacturero.

Aunado a esto, entre la década del 2005 al 2015, México desarrolló su participación en cadenas globales de valor, obteniendo crecimientos por arriba de Brasil o Perú e igual al de Corea del Sur. Esto permite crear mejores condiciones del mercado laboral del país.

Como resultado, la Organización Mundial del Comercio ubicó a México como la treceava potencia mundial exportadora y la primera de América Latina. De hecho, el país exporta el 42% del total de la región, lo que nos sitúa muy por encima de la nación liderada por el polémico Bolsonaro, la cual ocupa el segundo lugar con 22%.

De esta forma, observamos cómo el pasado reciente de este sector ha sido considerablemente positivo. Sin embargo, existe un factor que se debe considerar para evitar caer en un estancamiento y poder continuar considerando las exportaciones como una fortaleza nacional.

Éste hace referencia a la considerable dependencia de exportación para Estados Unidos. Apenas unos meses atrás, festejábamos que nos convertíamos en el principal socio comercial de nuestro vecino del norte. Sin lugar a dudas es una gran noticia y el no aprovechar el estado actual de su economía, sería un disparate.

Sin embargo, la extrema dependencia a algo puede causar severas contracciones, las cuales no necesariamente tienen un origen interno. Recordemos lo vivido en la crisis del 2008. Para mediados de este año, las exportaciones a EE.UU. se acercan al 80% del total, mientras que Canadá y Alemania, que ocupan las siguientes posiciones en razón de su cuantía, sólo representan el 3 y 2%. La brecha entre los primeros lugares, es enorme; nos llevará algo de tiempo el poder contraerla.

Es incuestionable que nuestro país necesita una mayor gestión para impulsar más productos a más mercados internacionales y/o aprovechar la amplia gama de opciones con las que actualmente se cuenta, así como la alta diversificación que otorgan los diversos tratados internacionales que se tienen. La necesidad de una distinta política pública internacional es indiscutible.

Durante esta administración, el cierre del programa Pro México, limitantes a las delegaciones internacionales, así como la poca presencia internacional de nuestro jefe de Estado, no son el mejor camino para empezar con la compleja labor que aquí planteamos.

OVERTIME

En sintonía con lo previamente comentado, la desaceleración económica parece haber llegado a nuestro principal socio comercial. Según datos de Reuters, el tercer trimestre tuvo un crecimiento de 2% en comparativa con el trimestre inmediato previo. Esto lo posiciona por debajo de las expectativas pronosticadas. Al cierre de esta afamada colaboración, la FED estaba por anunciar su posible cambio de política monetaria. Indagaremos al respecto en la próxima edición.

 @GmrMunoz

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