Por J. Jesús López García

La casa es un género arquitectónico de los que presenta más tipos. Desde la habitación unifamiliar desplantada en un lote, hasta los apartamentos ubicados en torres, pasando por habitaciones simples en hoteles o casas de estudiantes, celdas monacales o celdas carcelarias, albergues provisionales o en campamentos casi permanentes, la arquitectura doméstica siempre ha mostrado una interesante profusión de modalidades.

Como en todas las tipologías arquitectónicas, esas modalidades son producto de una adaptación al medio en que se encuentra el inmueble, un constante proceso de ensayo y error en que se van depurando algunas soluciones, determinados planteamientos; también se ven involucradas tendencias que vienen y van de acuerdo a modas que de alguna manera inducen a la introducción de ciertos elementos espaciales, constructivos y ornamentales, y con una gran influencia el factor económico que va moldeando la configuración de lotes y las dimensiones de los edificios.

En Aguascalientes apreciamos una arquitectura habitacional de un solo nivel en el periodo novohispano, y algunas de dos o máximo tres pisos, incluso las fincas de los vecinos más adinerados eran de una sola planta. En ciudades como Puebla, Guadalajara, Zacatecas, Morelia o Ciudad de México vemos por el contrario edificaciones domésticas de más pisos ya que eran las ciudades con habitantes más acaudalados, y ello se manifestaba en las dimensiones de sus hogares.

Los factores naturales determinan muchas formas de las casas también; las fincas con patios o medio patio y zaguán, son una modalidad mediterránea, apta para regular la entrada del sol, situación que en lugares fríos no es normal, pues al contrario, se requiere una disposición abierta en todos los flancos para captar luz solar, y al mismo tiempo estar agrupada sin espacios abiertos a su interior pues ello enfriaría las dependencias. En determinados casos se requiere propiciar corrientes de aire, y en otras se necesita que el calor no se escape.

La morada es el género más antiguo en la historia de la arquitectura, y su principal objeto era el de ofrecer refugio al clan familiar, aunque con el paso del tiempo se cargó de significados personales, tribales, comunitarios y culturales.

Por milenios la casa obedeció a un entorno natural y a una adaptación cultural que no se separaban en sus medios y en sus fines pues ambos factores convergían en una unidad poco trastocada. De unos dos siglos para acá, ello ha estado presentando grandes cambios, pues la explosión demográfica de las ciudades contemporáneas ha propiciado una presión sobre la disponibilidad de suelo para edificar vivienda que además, actualmente por las mismas características de densidad demográfica, se ha tornado más complejo en su disposición urbana. No es lo mismo disponer de un terreno para la vida doméstica de diez familias, que para hacer lo propio para quinientas o más. Ello ha ido repercutiendo en una lotificación más compacta y regular, lo que además se complementa con materiales “nuevos” como el concreto, el acero y el vidrio, que junto con la utilización más extendida del ladrillo cocido, terminan por expresar un lenguaje arquitectónico más variado, pero a la vez más alejado de la forma tradicional de la casa.

Actualmente las ciudades cuentan con ejemplos formalmente diferentes, pero que a la vez pueden estar en cualquier lugar del país o del mundo. Existen edificios que poseen un lenguaje arquitectónico que bien puede encontrarse en diferentes partes del planeta, situación que no es tan nueva como lo atestigua la residencia ubicada en la calle Colón No. 505 que posiblemente se diseñó entre los 50 y 60 del siglo pasado; moderna con aleros muy grandes y esbeltos con ventanas en esquina. La arquitectura moderna no busca ser hija de su lugar, sino de su tiempo y ello se refleja en la arquitectura doméstica.