Noé García Gómez

Este fin de semana inicia la tradicional y longeva fiesta hidrocálida, la internacional Feria Nacional de San Marcos. Esta festividad de nuestro estado fue celebrada por primera vez en noviembre de 1828 en el Parián (Zona Comercial) de la Ciudad de Aguascalientes. En 1848 fue trasladada al Jardín de San Marcos cambiando su celebración al mes de abril a petición de la iglesia católica y así celebrar al santo patrono.

Hoy la tradicional feria está convertida en una impresionante máquina comercializadora, secuestrada en muchos de sus aspectos por intereses políticos y monetarios.

Vemos que eventos y espectáculos de primer nivel están sujetos, ya ni siquiera a la vorágine del libre mercado, sino a la autoritaria voluntad de los revendedores y acaparadores, para ponerlos a disposición de quien esté dispuesto a pagar estratosféricas cantidades.

Somos testigos de cómo la voluntad de un empresario “echa la casa” por la ventana en un solo festejo taurino, con todo y subsidios gubernamentales, (ya que al ser declarada patrimonio cultural inmaterial el estado está obligado a su conservación, sería bueno saber con cuánto dinero público se subsidia a “la fiesta brava”) dejando la mayoría de los otros carteles con grandes desigualdades.

Los anteriores puestos familiares y de la zona se han sustituido por los stand mega-empresariales y el reparto a los “lideres” de ambulantes y tianguis muchos de ellos fuereños, ¿sería interesante saber cuántos de los espacios son de personas y familias hidrocálidas? Recordemos que el origen de la fiesta era promocionar los productos del estado.

También sería interesante saber qué porcentaje de espacios se dedica a la venta de alcohol y a qué distancia está uno del otro. La imagen de “la cantina más grande del mundo” no es algo que nos tendría que enorgullecer, por mucha derrama económica que deje al estado, no con ellos me catalogo de conservador y mojigato, pero creo que se tiene que establecer protocolos y lineamientos de actuación, es triste ver a jovencitos casi niños mezclados con adultos compartiendo bebidas alcohólicas, es ahí lo que me preocupa.

La forma en cómo se lucra con la necesidad de estacionamientos y baños, agregándole el transporte público, nos está llevando a que año con año se disminuya el porcentaje de la población de nuestros habitantes que puede disfrutar de nuestra fiesta.

Soy un asiduo paseante de la FNSM, desde mi niñez me escabullía y con mis amigos recorríamos desde la Purísima toda la calle Madero hasta llegar al Jardín de San Marcos, en mi juventud disfruté de la zona de antros y bares, y hoy con mi familia procuramos ir a eventos y zonas familiares para que todos la disfrutemos.

Reconozco la importancia turística y económica que significa dicho festejo para el estado y municipio, pero creo que es momento de hacer un alto en el camino, mirar y analizar el rumbo que queremos para un festejo que enorgulleció y enorgullece a tantas generaciones. El de retomar ese romanticismo y tradición adaptado a los nuevos tiempos, o dejarse llevar por la corriente del consumismo, derroche, lucro y frivolidad que hoy en día parece estar carcomiendo.

Por último les digo ¡disfruten que el festejo es nuestro, de Aguascalientes para México y el mundo!

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