Por J. Jesús López García

La Escuela Moderna de arquitectura manifestaba en sus inicios más puristas y radicales una proclividad patente a despreciar los factores contenidos en el contexto de un edificio. Ante el tono cosmopolita y universalista de las tendencias de los inicios de la modernidad arquitectónica, las particularidades que constituyen un contexto inmediato de un inmueble, se despreciaban como elementos carentes de interés. Existía una preeminencia del objeto arquitectónico que desdibujaba a lo que le rodeaba. En planes urbanísticos de Josep Lluís Sert (1902-1983) y Le Corbusier (1887-1965) -La Habana de 1955-1958 y Bogotá de 1950– el contexto era tan prescindible para los arquitectos que proponían una “tabula rasa” como principio

Con la segunda generación de maestros modernos, el contexto sin embargo fue adquiriendo presencia e importancia y propiciaron un sesgo importante que incluso fue bautizado como “regionalismo crítico”  por los teóricos de la arquitectura Kenneth Frampton (1930- ) y Alexander Tzonis (1937- ). Ese regionalismo crítico sigue vigente y ha tenido dentro de sus acervos la obra diversa y heterogénea -en oposición a la prototipificación homogénea de la primera modernidad arquitectónica- de figuras como el arquitecto finlandés Alvar Aalto (1898-1976) o el arquitecto danés Jørn Utzon (1918-2008) que en el paisaje natural y cultural de sus países supieron acomodar buena parte del imaginario arquitectónico de sus naciones, hermanándolo con el carácter totalmente moderno de sus propuestas.

Mas lo comentado sobre el contexto ha sido solamente esbozado desde su participación en la experiencia arquitectónica como una especie de comparsa de segunda al edificio importante de las inmediaciones. Pero también existen inmuebles  inmersos en su contexto que sin ser los protagónicos del sitio, definen la forma del mismo contexto. Su participación es entonces activa.

Como ejemplo, baste recordar en el Paseo de la Reforma, al lado de nuevos iconos de la arquitectura de la Ciudad de México como la Torre Reforma de Benjamín Romano (1955- ) o el Reforma 222, Torre 1 de Teodoro González de León (1926-2016), una serie de fincas cuya forma y tamaño no son tan impactantes como la de los edificios sobresalientes cercanos, pero que junto a ellos mantienen la sensación de un entorno bien articulado. Son obras hasta cierto punto neutrales que configuran la forma del contexto, de la misma manera que sus vecinos más importantes.

En el contexto de la arquitectura espectacular de la ciudad de Londres, el discreto lenguaje formal del número 10 de Downing Street sólo deja entrever ese número en su fachada austera para mostrar que ahí residen el primer lord del Tesoro y el Primer Ministro británico, lo que es parte de un contexto en que el palacio de Buckingham, la Catedral de San Pablo de Christopher Wren (1632-1723), el Big Ben de Augustus Pugin (1812-1852) o el Ayuntamiento de la ciudad del arquitecto Norman Foster (1935- ), llevan el protagonismo pero que, gracias a edificios como el de Downing, la ciudad mantiene una imagen característica con o sin sus inmuebles sobresalientes. Los edificios que dan forma a un contexto son los que finalmente proporcionan su sabor a las metrópolis.

En nuestra ciudad aguascalentense existen varios sitios donde se dan lugar vecindades entre fincas que forman contextos. Son obras que por sus características de forma y disposición se vuelven fácilmente reconocibles sin ser edificios de fuerte representatividad social o comunitaria como un templo, un museo, un palacio o una escuela. Es natural que en muchas ocasiones los inmuebles que construyen la forma de un contexto correspondan a una misma época; en ocasiones hasta comparten al mismo autor.

La mitad de la sección de la calle González Saracho justo en el cruce que hace con la calle Agustín R. González, y esta misma calle, presenta una serie de casas unifamiliares en lo que fue el fraccionamiento Madero–Zaragoza que en su mayoría provienen de la primera mitad del siglo XX. Son calles cuya apariencia destaca fuertemente en su contexto por la preservación de sus inmuebles y por ser parte de la familia local de arquitectos y arquitectura que se expresaron como un componente bien definido en la historia de la edificación del siglo pasado.

El ejemplo que hoy analizamos es una finca que se encuentra en el cruce de las calles Primo Verdad e Hidalgo, justo frente al templo de San José -el edificio que junto a la torre de Telmex es el que sobresale en el lugar, y el de mayor presencia histórica-. Es un inmueble de rasgos derivados del “colonial californiano”, posiblemente realizado entre los años 50 del siglo XX. De dos plantas y un espacio en la azotea; vanos verticales en su mayoría, rematada la planta alta por un voladizo con teja y un pretil acabado con formas mixtilíneas. Tal vez su elemento más característico es el pequeño volumen que se desplanta sobre la columna de la esquina; pero al margen de ello, el edificio sobrio y de apariencia agradable, es con sus fincas adjuntas, parte de un contexto entrañable para la ciudad. Indudablemente que vale la pena conocerlo.