
Por J. Jesús López García
Posterior a la 2ª Guerra Mundial, es innegable que el panorama mundial cambio radicalmente para siempre; se puede hablar de un antes y de un después en todo el quehacer humano, y en todas las disciplinas, la arquitectura incluida. Algunos de los grandes maestros de la arquitectura Moderna, claudicaron en su afán de tener en mente traer la felicidad del hombre a través de aquella, pues tal como vaticinaba Bob Dylan (1941), The times they are a changin’, efectivamente, los tiempos estaban cambiando.
A partir de la segunda mitad del siglo XX, un nuevo grupo de profesionales, ofrecían una multiplicidad de propuestas alejadas, aunque no del todo, del Movimiento Moderno. Los quince años que le siguieron a la 2ª Guerra Mundial, fueron un caos total Auguste Perret (1874-1954), fallecía en los cincuenta, así como también Erich Mendelsohn (1887-1953); Le Corbusier (1887-1965) daba un giro de 180º en sus propuestas arquitectónicas, tal la capilla de Ronchamp levantada entre 1950-1955, abandonando los cinco postulados de la arquitectura Moderna: a. Construcción sobre columnas, b. Planta libre, c. Fachada libre, d. Ventana horizontal y e. Terraza jardín, Walter Gropius (1983-1969) perdiendo irremediablemente la brújula, y Mies van der Rohe (1886-1969) se trasladaba a Estados Unidos, consiguiendo el éxito profesional, pero diseñando una arquitectura prismática, cerrada, estática, fría, no espacial.
A decir de Bruno Zevi “Ninguno de los maestros de la etapa racionalista consigue conservar las riendas del movimiento moderno; y éste, al verse privado de sus ‘padres’, se siente vacilar”. Frank Lloyd Wright (1967-1959), renace cual ave Fénix en la década de los treinta, triunfando rotundamente, sin embargo, no logra influenciar a los novatos, así, de ésta manera, aparecería la denominada 3ª Generación de Arquitectos, llevando a cabo una obra en las décadas de los cincuenta, sesenta y setenta, inmersa en un fascinante experimentalismo, obteniéndose un balance agresivo, titubeante en grado tal, que “…la nueva arquitectura servía al cine como fondo deshumanizado para narraciones acerca de personajes desarraigados…; en 1975 abundan los filmes de derrumbamientos, de incendios, de terremotos y catástrofes, como señalando un proceso…que refleja estados generalizados de inseguridad y de angustia… auto destructora” Al final, esta serie de propuestas fallecen sin haber contestado a las interrogantes de la crisis racionalista.
Las corrientes establecidas por Zevi, son: neo racionalista, informal, brutalista, paisajística orgánica, neo historicista, ecléctica, manierista, utopía y futuribles, la dimensión urbana y el neo expresionismo. Éste último, con antecedentes en el expresionismo alemán, el cual reflejaba sentimientos o emociones, y no conceptos intelectuales, cuyos proyectos carecían de connotaciones del pasado, con esquemas asimétricos, con tendencias escultóricas lo que suelen ser edificios muy personales. Toda proporción guardada, en la cabecera municipal de San Francisco de los Romo, hay una finca ubicada en la avenida México No. 305, con claras reminiscencias neo expresionistas. Dispuesta en un entramado urbano habitacional, ocupa en su frente lo concerniente a tres lotes, perpendiculares a la avenida Benito Juárez Sur, pero la avenida México no es paralela a ésta. La fachada oblicua presenta cuatro elementos: un paralelepípedo colindante al sur; un poliedro que tiene continuidad con el acceso principal. Al centro un volumen cilíndrico, con vanos verticales; la entrada y el volumen derecho, con una dinámica horizontal y con vanos verticales y horizontales. Todas las ventanas poseen elementos romboidales; a todo lo largo de la calle, la verja se diseñó teniendo en cuenta piezas cilíndricas, lo que la vuelve dinámica y repetitiva. El conjunto es verde con acentos “amarillos crema” muy claros y saturación débil. Sin duda alguna, el edificio representa un ejemplo de arquitectura singular, en donde prevalecen propuestas arquitectónicas tendientes a la región de San Francisco de los Romo.








