Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Probablemente le sorprenda Mr. President recibir esta comunicación. Yo mismo estoy sorprendido de mi decisión, que puede ser tomada a mal por mis compatriotas, los de aquí y los de allá. Finalmente me decidí a hacerlo porque entre los días del calendario, los festivos, los de fin de semana cortos y de fin de semana largos, los de la próxima cuaresma y luego la feria de San Marcos, y el de mayo que tiene mas días de fiesta que de trabajo, no se presentará una mejor oportunidad que la de este día de buena voluntad, de corazón henchido y dispuesto a concitar una comunicación cordial (acuérdese Mr. President que cordial viene de cordis: corazón).

Seguramente ya está usted enterado, Donald, que la marcha pro México, o algo por el estilo, convocada por “líderes de opinión (¿también en EE.UU. se usa esa expresión chocante?), si no fue un fracaso estrepitoso, al menos fue un fracaso “estrepitito”. Pero tampoco lo considere usted un punto a su favor, aunque la o las marchas iban en su contra. Si de algo puede Ud. estar seguro Mr. President es de que ha logrado unificar a los mexicanos de una manera que ya no lo hacen ni el América y el Guadalajara juntos, por no citar símbolos religiosos también en peligrosa crisis que afecta los valores de unidad nacional. La animadversión que Ud. suscita mas allá de los “memes”, los chistes, las caricaturas, etc., nace de una afrenta muy honda y de casi imposible reparación. ¿Poner en duda lo buena onda que somos?, ¿recelar de nosotros que somos profesionales del recelo?, ¿desconfiar de nosotros, que nosotros sí tenemos derecho a desconfiar?.

Seguramente ya le habrán tratado de enterar, aunque dudo Mr. President que Ud. esté dispuesto a leer un texto de mas de 140 caracteres, de allí que sea un compulsivo “tuiteador”, que sus desplantes, amenazas, órdenes ejecutivas y demás, ya han servido para que los profesionales de la mercadotecnia aprovechen para ahorrarse el usar sus desgastadas neuronas, y que la “unidad nacional” el “unidos lo podemos todo”, el “nada nos detendrá” y otros tantos estribillos de similar estulticia, están sirviendo para anunciar desde coches y pasta de dientes, hasta productos bancarios. El colmo de la pretensión de explotar un chauvinismo patriotero y ramplón. Es verdaderamente indignante que una situación tan grave, que tiene en vilo a millones de mexicanos que no saben si el día de de mañana podrán seguir en el suelo al que tuvieron que emigrar por necesidad mas que por gusto, se tome tan campantemente a la ligera invitando a despilfarrar ahora que la prudencia invita a ser cautelosos.

Pero no, Donald, no cometa una equivocación mÁs de las muchas que, en estos escasos días de su gobierno ha cometido. No crea Ud. que porque la marcha convocada en la que se auguraban cientos de miles de manifestantes, se haya visto reducida a dos decenas de miles, no existe una real preocupación, un verdadero disgusto y la decisión de encarar sus medidas. El que se quema con leche hasta el jocoque le sopla, y los mexicanos, me parece entender, ya estamos cansados de falsos redentores, ya estamos hastiados de marchas, y fastidiados de servir para hacerles el caldo gordo a líderes, grupos o asociaciones, que pretendan llevar agua a su molino. Escuché, por ejemplo, que un senador mexicano, pretendía contestar su muro con un muro humano ¡Vaya una idea estúpida! Si lo que cuestionamos es el muro, de chile, de dulce o de manteca.

Y vamos, para decir las cosas a calzón quitado Mr. President, (lo que desde luego escribo en sentido figurado, no se lo vayan a traducir al pie de la letra), no es que no tenga derecho el país que Ud. preside a tomar la determinación de construir un muro de metal o de mampostería, ¡Nos ha construído ya tantos muros!, de ignominia, de explotación, de discriminación, de pillaje, de oprobio, de espionaje, que el suyo será sólo uno mas, pero, sin duda un muro peligroso. La cuestión no es, (finalmente esto resulta banal), ¿quién lo va a pagar?. Anoche escuchaba las sesudas cavilaciones de un gran constitucionalista mexicano que afirmaba: “El muro no lo pagaremos, porque no lo debemos”, olvidando que la cuestión no es jurídica, nos podrían contestar que se origina en los hechos ilícitos, (otra fuente de las obligaciones) cometidos por nuestros nacionales que nuestro gobierno es incapaz de frenar. ¡No! La cuestión fundamental tampoco es esa. Tarde o temprano es una relación económica bilateral desigual, el más débil terminará soportando las cargas. Lo reprobable, lo inadmisible es la carga simbólica de “su” muro, Donald. A título personal, le digo que considero muy difícil que su país y el mío puedan ser amigos, aunque tengo grandes amigos norteamericanos, pero estoy seguro que podríamos seguir siendo vecinos respetuosos, colaboradores y tolerantes, pero no se puede augurar una buena vecindad construyendo un muro de odio y segregación.

Lo que sucede como Ud. también ya lo ha experimentado, Mr. President, es que para bien o para mal, o para quien sabe, las economías de su país y el nuestro se encuentran tan imbricadas, que la afectación de una se refleja necesariamente en la otra, no con la misma intensidad, se entiende, pero sí con la misma inmediatez. Ya lo está viviendo con el movimiento “un día sin latinos” que ha parado la vida económica de varias ciudades de su país. Con todo respeto, Donald, usted y yo, ya estamos viejos, los tiempos de la “conquista del oeste” por el hombre blanco quedaron atrás, los justicieros como Elliot Ness fracasaron y hasta Clark Kent sucumbe ante la kriptonita. Su país, admirable aunque no amable, (por citar a José Enrique Rodó), se ha dado controles legales que limitan las acciones presidenciales, y ha sido también cuna de exaltados. En el siglo pasado experimentó la forzada renuncia de un presidente y los lamentables asesinatos de otros. Ya se, que para usted este artículo será demasiado largo, pero en menos de 140 caracteres le recuerdo la admirable definición de Max Weber: La política es el arte de lo posible. Para aprender nunca es tarde, por el bien suyo, el de su país, el de sus vecinos y el del mundo entero, ¡ojalá aprenda a ser político!, ¡buen político!.

Aunque quizás Mr. President la cuestión no sea política sino psiquiátrica, para ambos, porque creo estar cayendo en la paranoia, de todas maneras como aspirante a buen vecino le deseo: ¡Feliz San Valentín, Donald!.

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