Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Driving miss Vampire

Por alguna razón, son los vampiros los que mejor se amoldan al género de acción, tal vez porque su mitología involucra más posibilidades para el romance y un dinamismo intrínseco, en comparación con los impredecibles hombres lobo o la limitada movilidad de las momias. Esto ya quedó claro desde que las series “Inframundo” y “Blade” les procuró a los chupasangre un campo de acción más amplio que los montes Cárpatos o los momentos de introspección melancólica para recitar sonetos sobre su infortunio sobrenatural, algo que la cultura pop agradeció, al ver aceptadas masivamente esas facetas que incorporaban urbanidad y modernismo a las míticas criaturas hematófagas. En esta línea es por donde anda “Fauces de la Noche”, otra añadidura al amplísimo catálogo de novedades de Netflix para esta temporada de Halloween, que amalgama la base argumental de “Colateral: Lugar y Tiempo Equivocado” de Michael Mann con el jugueteo de los convencionalismos sobre el cine de vampiros que hizo “Los Muchachos Perdidos” (Schumacher, E.U., 1987) en su momento, para lograr un filme divertido, no exento de ciertas ambiciones narrativas, pero que se contenta con lograr un escapismo adecuado. El apreciable Jorge Landbergh Jr. protagoniza la cinta poniéndose en la piel de Benny, un universitario de sangre ligera que estudia economía y que vive en la empobrecida zona de Boyle Heights en Los Ángeles, junto a su Abuela (Marlene Forte), soñando con superarse y vivir en un lugar mejor. Cuando su medio hermano Jay (Raul Castillo) le pide que lo supla en un trabajo como chofer de limusina durante una noche, Benny ve la oportunidad de sacar un buen dinero, sin saber que sus clientas, la socialité Zoe (Lucy Frye) y su amiga Blaire (Debby Ryan) son en realidad unas vampiras que lo llevarán por un recorrido a través de toda la ciudad para cumplir una agenda: exterminar a la competencia. Resulta que los humanos y los vampiros han llevado un acuerdo de no agresión por años, donde cada facción controla su territorio sin meterse en los asuntos del otro, hasta que un ambicioso vampiro llamado Victor (Alfie Allen) decide romper dicha tregua para apropiarse de toda la ciudad y después, por supuesto, del mundo, por lo que encomienda a Zoe y Blaire encargarse de las cabezas de los clanes más importantes para adquirir el dominio absoluto. Por supuesto, Benny, aún cuando la situación lo rebasa, tratará de mantenerse al margen, hasta que descubre que Jay está involucrado en la poderosa trifulca cuando Victor rapta a la prometida de su hermano, obligándolo a participar en esta guerra de tintes sobrenaturales.
El argumento va ganando fuerza conforme va delimitando coherentemente sus dimensiones, vinculando correctamente la toma de posesión de Victor como jefe de jefes, empleando las herramientas narrativas de un filme sobre la mafia con el desarrollo en la relación entre Benny y las vampiras, en particular Blaire, quien muestra empatía e incluso cariño por su chofer conforme el joven va involucrándose cada vez más en el proceso. Y es el ángulo de sensibilidad que muestra la cinta lo que consolida su propuesta, pues, además de mostrar la fiereza con que las vampiras cumplen su misión mediante continuos ataques a sus enemigos de forma seca y brutal sin coreografías de moda, también hay oportunas escenas de diálogo íntimo entre Benny y Blaire o de Zoe -la más agresiva de las dos- con algún antagonista, que permiten asomarnos a sus motivaciones y psiques para que el filme no se quede tan sólo en un mundo con luces neón y fluorescentes con ocasionales salpicones de sangre, gracias también a las buenas actuaciones del trío protagonista, particularmente Frye, quien parece divertirse de lo lindo con las excentricidades salvajes e impetuosas de su personaje. Aún así, la dirección de Adam Randall (“Te Veo”) logra medrar entre la adrenalina y la violencia gráfica, quedando en un punto intermedio donde las secuencias movidas no dominan del todo y las acciones vampíricas características, que incluyen mordiscos y agresiones, jamás sobrepasan lo estándar, por lo que la cinta se deja ver sin problemas para aquellos con aversión a la visceralidad excesiva.
“Fauces de la Noche” no muerde con la misma fuerza que otros proyectos de esta índole, pero, por fortuna, tampoco se queda corta, ni nos deja anémicos.

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