Rodrigo Ávalos Arizmendi

Este domingo, estimado lector, no se puede hacer a un lado el análisis de lo que ocurrió el domingo pasado en la Ciudad de México, aunque no estuve al tanto, ni siquiera de refilón, de lo que pasó en otras ciudades, en donde también hubo una convocatoria atendida, a la marcha “Vibra México”, pero hablo únicamente de lo que pasó en la Ciudad de México, porque era en donde se suponía iba a haber una gran asistencia a la convocatoria de varias organizaciones. Creo que ésta marcha, sus dimensiones y su volumen les debe llevar a los habitantes de la CDMX a su agradecimiento a quienes organizaron esas marchas porque dieron argumentos y elementos para entender cuál es la verdadera representatividad de estos organismos de la sociedad civil, que ahora resulta que en una ciudad del tamaño de la CDMX, con un tema de la importancia global para el país que esto tiene, que nos engloba a todos la agresión del gobierno de los Estados Unidos, y sucede que esas organizaciones representan solamente a 20 mil personas. Con eso pues para nada. Ellos nos han demostrado que no pueden convocar, como en alguna otra ocasión lo hicieron; y también da una cierta curiosidad saber cómo puede trasladarse desde los amplios espacios del pensamiento crítico y analítico, a salir por las calles casi casi con uniforme de escuela secundaria, saltando por las calles y gritando: ¡El que no brinque es Trump! Como hicieron connotadísimos intelectuales mexicanos, que brincaban al grito, repito, de “¡El que no brinque es Trump!”. De los que acudieron a la marcha “Vibra México”, y en sentido contrario, vino una marchita de chisguete, muy pequeña encabezada por Isabel Miranda de Wallace. La marcha, digamos pro-gobierno o pro-sistema, fue creada para boicotear la de “Vibra México”, eso era evidente, porque no querían ellos alzar la voz en contra del Presidente Peña Nieto. Al final no se cumplió ningún objetivo, porque en tono y volumen, el odio a Trump y el odio a Peña Nieto, podemos decir que compitieron en decibeles.

En estas marchas hubo poco ruido, pocas nueces. Este asunto de una marcha políticamente correcta contra otra marcha políticamente adversa a esta vibración, que finalmente no produjo ese juego de palabras entre mover a México, vibrar a México, que vibre México, como una guitarra desafinada; finalmente lo único que nos demostraron todas estas organizaciones es que tienen más importancia en los medios de comunicación que en la calle, entre le población. En los medios reinan, dictaminan, deciden, perdonan, condenan, alaban, censuran; ellos son habitantes de todos los castillos de las purezas habidas y por haber. Para eso son políticamente correctos y por lo tanto políticamente inatacables. Sin embargo los hechos no respaldan la importancia que algunas veces se les da, y ahí están los resultados. Y, religiosamente hablando, pienso en la escritura de Mateo y digo: “Por sus frutos los conoceréis”. Y sí, sus frutos ahí están. Ahí está lo que hicieron el domingo, y sobre todo está lo que no hicieron, lo que no pudieron hacer o lo que no son capaces ni de mover, ni de vibrar, ni de convocar, ni de organizar. Ni son partidos políticos, ni son asociaciones políticas en espera de registro, son simples membretes que a la hora de la hora no sirven para mayor cosa. Eso es lo que vimos en los diferentes medios de comunicación y eso es lo que vio, paradójicamente, la gente que no fue.

Recordamos la marcha, la “Marcha Blanca”, de hace trece años a la cual convoco Alejandro Martí, que fue muy concurrida, para protestar por la inseguridad que se vivía en ese tiempo y en donde al empresario Martí le habían asesinado a su hijo. En esa ocasión la población se volcó, vestida de blanco, para reclamar al Presidente Vicente Fox mayores acciones para calmar los ánimos de la violencia. Hoy, trece años después, la marcha se ve flaca, escuálida, simplemente son dos caras de la protesta, y los organizadores mucho tienen que ver. Aquella que llamaron la “Marcha Blanca”, y que después Andrés Manuel López Obrador la descalificó y que dijo que era obra de unos “pirruris” y parte de la “mafia del poder” que estaban en contra de él y de su gobierno. Hoy podemos decir que una de dos, o ya se acabó la “mafia del poder” o la “mafia del poder” se hizo chiquita, pues con los que estaban el domingo no se llenaba ni un cuarto del aforo del Estadio Azteca.

 

MÉXICO, DIVIDIDO Y CON FUTURO INCIERTO

Se está llegando a un proceso de negociación importante con la gente de Washington, en donde de cualquier manera lleva las de ganar Trump, primero que nada porque tiene muchos más recursos Estados Unidos en todos los sentidos, frente a un país que económica, militar, políticamente, pesa muchos menos, o sea México. Negar la enorme asimetría que existe entre México y Estados Unidos sería una necedad. Aparte de todo eso, es una pena reconocerlo, los tiempos de la política en Estados Unidos están siendo muy diferentes al de la política en México. Creo que los tiempos de la política en México le favorecen al presidente Trump. ¿Por qué? Porque tenemos un gobierno que se ha venido debilitando desde el 2014, y que según las últimas encuestas cuenta con el apoyo de 1 de cada 10 mexicanos. Esto desde luego producto de muchos escándalos que han ocurrido desde 2014 y que el gobierno de Peña Nieto no ha sabido manejar. Entonces llegamos con un gobierno debilitado. Eso es indudable, también lo vemos en los resultados que tiene en su partido, el PRI, en las elecciones, ahora corren incluso el riesgo de perder su último bastión electoral grande, importante, que es el Estado de México. Por un lado tenemos un presidente que está debilitado y que está acabando su sexenio, pero por otro lado tenemos que ya se acerca la sucesión presidencial del 2018, y en un proceso de elecciones, en todos los países lo que hace es que se polariza más la opinión pública y los partidos políticos. Naturalmente como parte del proceso electoral. ¿Cómo le podemos pedir ahorita a la oposición que apoye al gobierno de Peña Nieto cuando se van a dar un agarrón enorme en junio de 2017, con las elecciones para gobernador en tres estados, y cuando a finales de este año ya comienza la elección del 2018, y desde luego el próximo año que será la elección. ¿Cómo pedírselo?

Muchos opositores del gobierno, de dientes para afuera, dicen: “¡Sí, vamos a apoyar al gobierno de Peña Nieto en esta negociación tan complicada con Washington!”. Pero eso es lo que tienen que decir como políticos, pero en la práctica lo que les conviene es que se debilite y que le vaya mal al presidente porque eso eleva las posibilidades de que ellos ganen las elecciones del 2018, así de tenebrosa es la política. Ellos están pensando más en sus intereses. Imagínese usted a López Obrador, que lleva dos elecciones tratando de ser presidente y ahora sí la tiene tan cercana, pues va a hacer todo lo posible por tratar de ganar. Y desde luego los otros partidos políticos. Por eso si tomamos en cuenta a un presidente debilitado, y los tiempos de la sucesión presidencial, lo que tenemos es que las condiciones son fabulosas para Donald Trump. Y si no sólo es cuestión de imaginarnos los comunicados que deben estar mandando los espías a la Casa Blanca diciendo: “México es actualmente un país enojado y dividido; el gobierno está débil, sin credibilidad y carece de liderazgo. La sucesión presidencial está en marcha. La oposición sólo apoya al gobierno de dientes para afuera pero en realidad está interesada en debilitar más al gobierno para ganar las elecciones del 2018. En conclusión: Hay excelentes condiciones para negociar con México. En este momento le favorecen las condiciones señor Presidente”. La realidad es que nuestro futuro es muy, pero muy incierto.