Ricardo Vargas

Desde inicios de su campaña formal hacia la presidencia de nuestro país, una de las principales promesas de campaña de Andrés Manuel y de MORENA fue la de implementar una etapa de austeridad a nivel federal, en la que se buscara reducir los niveles de la deuda pública que había incrementado fuertemente durante el sexenio anterior. Hacia la fecha de la elección, y luego de que tomó protesta como presidente de nuestro país, esta idea de una austeridad generalizada comenzó a tomar más fuerza, llegando al punto de volverse quizá el principal estandarte de la autollamada “Cuarta Transformación”.

Cuando se habla de finanzas, por ejemplo dentro de una empresa, es importante analizar los niveles de deuda que se tienen y analizar la razón entre pasivos y activos. En cualquier caso, el escenario ideal es el de un nivel de deuda moderado y que no comprometa el buen funcionamiento de la empresa, o en este caso de un gobierno. En este mismo sentido, es importante que la deuda que se analice sea la real, y no la nominal. Es decir, la que nos dé información en términos relativos sobre los activos y el capital con el que se cuenta. Cuando, por ejemplo, dentro de una empresa los pasivos tuvieron un incremento de 100 mil pesos, pero los activos aumentaron en la misma cantidad, la deuda en cifras nominales sin duda aumentó pero se mantuvo constante en términos relativos (en proporción o comparación con activos).

Pues siendo el caso del Gobierno Federal, a pesar de que se ha presumido a toda voz que la deuda no ha aumentado ni aumentará, la realidad es otra. Tanto en términos nominales como en términos reales la deuda pública de nuestro país ha crecido de manera importante en los últimos dos años. De forma general, la explicación está en tres hechos.

En primer lugar, la deuda aumentó en términos nominales. Es decir, se tiene más deuda de la que se tenía hace un par de años, en millones de dólares. En segundo lugar está la depreciación del tipo de cambio, pues a inicios del sexenio el dólar cotizaba por debajo de los 19 pesos en el mercado de mayoreo, para después alcanzar un nivel superior a los 25 pesos por dólar y ahora ubicarse alrededor de los 22 pesos. La deuda emitida en dólares ahora cuesta más, pues el dólar nos es más caro; por lo que la deuda en términos nominales vuelve a aumentar.

Por último, la tercera razón es el desempeño del Producto Interno Bruto, que figura como el denominador en la razón de deuda de cualquier país (deuda como proporción del PIB). Esto quiere decir que si la deuda crece a la misma proporción que la producción de bienes y servicios de un país, no hay realmente un problema. En un escenario óptimo, el PIB debiera crecer a mayor razón que la deuda, lo que haría que el cociente de deuda real disminuya. Para el caso de nuestro país, desde el último trimestre de 2018 se comenzó a observar una importante desaceleración en la actividad económica de todo el país. Durante 2019 el crecimiento económico de todo el país fue nulo, y para el primer trimestre de este año la ya existente crisis económica terminó por agravarse con pandemia del COVID-19.

Entonces, sí ha aumentado nuestra deuda como país, tanto en términos nominales como en términos reales. Al cierre del cuatro trimestre de 2006 la deuda pública como proporción del PIB fue de 14.4%, mientras que en diciembre de 2012 la deuda pública representó el 21.3 del PIB. Durante el sexenio pasado hubo un problema de deuda importante, pues se incrementó en más de 20 puntos porcentuales, cerrando el cuarto trimestre de 2018 en 46 puntos porcentuales como representación del PIB. Esto trajo una corrección a la baja en la calificación credticia del soberano, o la calificación de la deuda de Méxio como país.

Lo preocupante es que al primer trimestre de este año, la deuda pública de nuestro país representa ya 49.8% del PIB anual. Al primer trimestre del año pasado la deuda del sector público fue de 10.8 millones de pesos, mientras que en el primer trimeste de este año la deuda del sector público en términos netos fue de 12.1 billones de pesos. En resumen, la deuda del sector público creció en los últimos dos años tanto en términos nominales como en términos reales. No es cierto que no tengamos más deuda. Y quizá el problema no sea ahora, pero en el mediano plazo y a este ritmo, será muy complicado sostener este nivel de endeudamiento.

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Soy economista del Tec de Monterrey, Campus Monterrey y tengo un par de años escribiendo artículos de opinión. Escríbame. rvargas@publimagen.mx    @1ricardovargas