CDMX.- Polo Polo era adicto al golf y a las risas de su público y de lo demás podía prescindir.
El comediante, de nombre real Leopoldo Roberto García Peláez Benítez, pasó sus últimos años en el universo del olvido, ya que fue diagnosticado con enfermedad de Alzheimer desde hace casi una década.
Falleció ayer por la madrugada, a los 78, por demencia vascular, según confirmó su hijo Paul.
Dicharachero, chabacano y provocador sobre el escenario, se ganó a pulso el título de «El Rey del Albur» por su tipo de chistes, subidos de tono, en una época en la que la censura era el pan de cada día en los medios.
Su época de esplendor fue en los 80 y 90, décadas en las que se consolidó como la referencia del stand up con chistes de franco contenido sexual.
La gracia natural de Polo Polo para contar chistes no pasó inadvertida en la industria cinematográfica nacional, que lo reclutó en el llamado género de las «sexy comedias».
Fue La Lechería de Zacarías (1987) y Duro y Parejo en La Casita del Pecado (1987) donde los seguidores del comediante en centro nocturno -y aquellos que compraban sus discos de chistes- vieron a éste debutar en la pantalla grande y lucirse en jocosas rutinas de albures y chistes.
Grabó más de 50 discos de chistes y participó en teatro y televisión, con proyectos como La Escuelita, con Jorge Ortiz de Pinedo.

DESPIDEN AMIGOS A POLO POLO
Al velorio del comediante Polo Polo llegaron colegas como Rafael Inclán, Alex del Castillo, Mauricio Herrera y el comunicador Gustavo Adolfo Infante.
Los servicios funerarios se realizaron en la agencia Gayosso de Sullivan, en la colonia San Rafael, ubicada en la Ciudad de México.
«Estoy triste por el impacto de cuando me enteré de la noticia. No tenía en cuenta que estaba grave, no lo fui a ver cuando estuvo en Querétaro. Lo voy a recordar por las cenas y los juegos», dijo Inclán en entrevista.
«Lo vamos a extrañar, aunque ya lo habíamos resentido desde hace tiempo. Sabíamos que estaba enfermo, pero tenía que llegar este momento. Siempre fue como un hermano y teníamos un grupo que se llamaba la Academia del Humor. De él aprendí la humildad, porque siendo muy grande siempre fue humilde», compartió Mauricio Herrera, quien llegó apoyado en un bastón a la funeraria. (Juan Carlos García, Hugo Lazcano y Rodolfo G. Zubieta/Agencia Reforma)