
Prestarse atención a uno mismo no es un acto de egoísmo sino un ejercicio muy necesario en estos tiempos, donde el exterior está lleno de estímulos que muchas veces hacen que las personas pierdan de vista lo verdaderamente importante en la vida, dijeron en entrevista Norma Patricia Ramírez Reyes y María del Pilar Rodríguez Arenas, especialistas en resiliencia y tanatología, promotoras del Primer Congreso Nacional “Reconócete, Ámate y Libérate”.
Para las especialistas el proceso más importante se da cuando la persona de una manera sana se permite la expresión de sus emociones, que muchas veces se les “facilita” más a las mujeres porque culturalmente es a quienes se les permite, y a los hombres generalmente se les educa para que sean protectores y resistan ante cualquier situación.
Sin embargo, tanto para los hombres como para las mujeres es esencial que en su vida diaria tengan formas de desahogar sus energías, la frustración, la tristeza para evitar que estos estados afecten el desempeño diario de las personas tanto en su trabajo, como en su casa, con su familia y las personas con las que conviven.
Ambas especialistas coincidieron en que una de las manifestaciones más fuertes de emociones reprimidas puede ser el suicidio que, según las estadísticas, se da más por actos impulsivos que planeados, esto deja ver cómo las personas se sienten muy presionadas por las cosas que les suceden en su vida sin que tengan una vía de fuga.
“Llega un momento en que las personas sienten que no tienen la capacidad ni las herramientas para resolver los problemas de su vida y seguir adelante, y toman la decisión fatal de dañarse a sí mismos, en momentos de mucha perturbación”.
Brindarse un momento para uno mismo es aportar un granito de arena de forma positiva para la vida de la persona, es una oportunidad para transformarse y cambiar “su metro cuadrado” que es suficiente para repercutir en otras personas y otras familias.
Para las especialistas en este proceso hay un acto que es también muy importante, es el perdón, dejar atrás lo que ya pasó, soltar los sucesos y las personas que están ancladas a hechos del pasado y que mantienen a quienes las conservan en estados de frustración, culpa o ira.
Finalmente comentaron que cada quien debe conservar “la chispa divina” y no entregarla a un trabajo, amigo, pareja o hijos que cuando por alguna razón se alejan o fallecen queda entonces un vacío en la persona que suelen llenar con comida, alcohol, relaciones dañinas o cualquier otra distracción, que al final no le sirve a la persona para construirse en el amor, el respeto, la libertad.











