Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Cada vez que hay un nuevo titular en la Secretaría de Educación Pública, todos tenemos esperanzas renovadas por una mejor educación: mejores proyectos, mejores programas, mejores mecanismo de coordinación y acompañamiento, mejores aprendizajes, más y mejores apoyos, en fin, mejores resultados de tal forma que todos los integrantes del sector nos sintamos orgullosos de haber logrado las metas deseadas. Sin embargo, estas expectativas, en no pocas ocasiones, se van desvaneciendo con el paso de los días hasta quedar en frustraciones.

Con Esteban Moctezuma Barragán esperábamos grandes transformaciones y avances; pero sus mayores méritos fueron acabar con la Reforma Educativa anterior y con la evaluación de la docencia; sin proponer nada superior a cambio. Si acaso redactó en la Ley General de Educación Federal, en el Artículo 11, la idea de la Nueva Escuela Mexicana, expresando que ésta: “buscará la equidad, la excelencia y la mejora continua en la educación, para lo cual colocará en el centro de la acción pública el máximo logro de aprendizaje de las niñas, niños, adolescentes y jóvenes”. Sin embargo, esta ley tan sólo quedó en el papel, toda vez que no sabemos qué alcances se han tenido en equidad educativa como tampoco sabemos cuánto hemos avanzado hacia la excelencia y en la mejora educacional propuesta; porque en los dos años y dos meses de su administración no se hizo ninguna evaluación nacional para verificar logros y avances. Y que conste, hoy más que nunca es muy necesaria la evaluación del proceso enseñanza – aprendizaje para darnos cuenta del grado de eficacia de Aprende en casa y también para tener cabal idea del rezago educativo, con miras de acciones remediales. Marco Bucio, antes de dejar la Subsecretaría de Educación Básica, únicamente proporcionó datos cuantitativos del ciclo escolar 2019 – 2020: de 25 millones de alumnos, 19 millones fueron atendidos por docentes; y de éstos, 16 millones tuvieron comunicación con sus maestros, un millón 953 mil tuvieron comunicación irregular y un millón 047 mil no tuvieron ninguna comunicación por diversos motivos. Pero, de lo más importante no hay ningún dato; es decir, no hay nada sobre el nivel de aprendizaje de los estudiantes.

Queda bajo la responsabilidad de Delfina Gómez Álvarez, nueva Secretaria de Educación, cubrir los faltantes de la gestión anterior y cubrir las expectativas renovadas sobre la mejora de la educación de los niños, adolescentes y jóvenes del país. Para ello, ¿formulará un nuevo modelo educativo superior al anterior?, ¿propondrá una forma distinta de evaluar el proceso enseñanza – aprendizaje?, ¿aterrizará, en el terrero de los hechos, la Nueva Escuela Mexicana?, ¿diseñará nuevos proyectos educativos?, ¿apoyará, realmente, a las escuelas para su buen desempeño?, ¿brindará lo necesario a los maestros para elevar la calidad educativa?, ¿propondrá propósitos y metas educativos alcanzables en cada ciclo escolar?, o, ¿seguirá haciendo más de los mismo?

Estamos creyendo que la nueva Secretaria ocupará la mayor parte de su tiempo en cuestiones administrativas y en asuntos políticos; y la parte académica acaso le encomendará a algunos de sus colaboradores, en la inteligencia que ella hará todos los anuncios del sector. Quisiéramos equivocarnos y comprobar que la maestra Delfina Gómez va a ocupar la mayor parte de su tiempo en lo académico, en la mejora de la educación, en la mejora del proceso enseñanza – aprendizaje, en la mejora de los resultados; porque, nos guste o no, la política, los recursos presupuestales y la administración del sector, sólo se justifican con buenos resultados en la educación de las niñas, niños, adolescentes y jóvenes. No quisiéramos que se presumiera un buen manejo de la política y del presupuesto y que, por otra parte, haya pésimos resultados en el aprendizaje de los estudiantes. Queremos que todo sea excelente como lo mandata el Artículo Tercero Constitucional; si no es pedir mucho.