Tras hacer un llamado a los padres de familia para que cuiden a sus hijos y no permitan que sean atrapados por las asechanzas que los rodean, el Cardenal Emérito de Guadalajara, Juan Sandoval Íñiguez, reconoció que la difícil situación económica por la que atraviesa el país, muchas veces obliga a la madre a trabajar y en consecuencia, descuida a los niños.
“Hay que estar alertas, porque en ocasiones el ambiente social, escolar o laboral es adverso, pero corresponde a la familia inculcarles a los hijos, desde pequeños, los valores cristianos como base para un desarrollo armónico, para que los niños y adolescentes sean capaces de distinguir el bien del mal, y no dejarse seducir por las drogas, el alcohol y otras adicciones o distractores que pueden poner en riesgo su futuro”.
El prelado no quiso hablar de política, ni del repudiado gasolinazo.
Recordó el documento que emitió la Conferencia del Episcopado Mexicano: “Educar para una Nueva Sociedad”, que habla de una “emergencia educativa”, en alusión a las dificultades cada vez mayores que hoy encuentra no sólo la acción educativa cristiana, sino más en general la educación en todos los ámbitos.
Señaló que cada vez es más arduo transmitir a las nuevas generaciones los valores fundamentales de la existencia y de un recto comportamiento.
Hoy, la educación tiende en gran medida a reducirse a la transmisión de nociones e informaciones, de determinadas habilidades o capacidades para hacer, mientras se tiende a apagar el deseo de felicidad de las nuevas generaciones colmándolas con objetos de consumo y con gratificaciones efímeras, agregó.
No es de extrañar que tanto los padres como los docentes, se sientan y se muestren fácilmente tentados de abdicar a los propios deberes educativos.
“Aquí está la emergencia educativa: no somos ya capaces de ofrecer hoy a las nuevas generaciones lo que es deber nuestro transmitirles, también y sobre todo, en lo que respecta a aquellos verdaderos valores que dan fundamento a la vida.
Requerimos de una educación auténtica y de la necesidad de educadores que tengan vocación: los padres, en su inmensa mayoría preocupados y con frecuencia angustiados, por el futuro de los propios hijos; los docentes por verdadera vocación, que viven la triste experiencia de la decadencia de la escuela; y la sociedad, que ve cada vez más amenazada las bases de la convivencia”.
El prelado fue a Calvillito a la fiesta por los 200 años de la Parroquia de la Candelaria, donde concelebró una misa de acción de gracias con el Obispo José María de la Torre Martín.