En 1726, los fundadores de la recién nacida Real Academia Española, encabezados por su primer director Juan Manuel Fernández Pacheco, comenzaron los esfuerzos para lograr un ambicioso reto: elaborar el diccionario de la lengua castellana más cuantioso que nunca antes se hubiera formulado.

Estos letrados, en su mayoría pertenecientes al repudiado y luego prestigiado grupo de pensadores españoles de los “novatores”, tal vez no imaginaron que su desafío planteado no sólo sería cumplido, sino que representaría el inicio de una labor académica que ha perdurado por casi trescientos años y convertido a la Real Academia Española en una institución seria, que aparte de tener la complicada encomienda social de esbozar el universo de nuestra lengua, trabaja con esmero por la conservación de su elemental unidad.

Pasaron trece años de estudio y dedicación desde 2001 para lograr, este 16 de octubre pasado, la publicación de la edición número 23 del Diccionario de la Lengua Española gracias a los trabajos de un total de 22 academias, entre ellas, nuestra Academia Mexicana de la Lengua.

Tener un diccionario panhispánico fue la meta trazada por los responsables del proyecto, es decir, compilar todas las palabras de los más de 20 países en el mundo que hablan el español, sin soslayar desde luego el esfuerzo académico extenuante de garantizar la debida aplicación de la gramática.

Al respecto, de entre los innumerables aspectos destacables de la obra, se encuentra su reiteración al freno total del grotesco, desmedido y tergiversado uso del sexismo en nuestra lengua puesto de moda recientemente. Tanto en la arena política, académica y social en general, en aras de una mal entendida equidad de género, cientos de discursos iniciaron con el enfadoso “las y los”, al respecto, la academia determinó, primero desde el informe “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer” de 2010, y ahora a través de las acepciones del nuevo diccionario, que no se discrimina cuando se usa un término masculino para referirse a hombres y mujeres y que no es apropiado pasar al género femenino el nombre de algunas profesiones.

Otra arista fundamental de este trabajo consiste en adecuar las acepciones de las palabras existentes acorde a la inercia social vigente. Así, gallego, ya no significa tonto; ni femenino, débil; ni masculino, enérgico; ni rural, tosco y por otra parte; matrimonio, ya puede significar pareja del mismo sexo y marica, femenino. En el caso de democracia en su primera acepción, se evolucionó de “doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno” a “forma de gobierno en la que el poder político es ejercido por los ciudadanos”.

Adicional al ya de por sí extenuante trabajo de velar por la gramática y adaptar las acepciones a los nuevos paradigmas, la obra cumple con otra de sus funciones consistente en dar fe de la realidad del lenguaje y en consecuencia reconocer las palabras propias del léxico utilizado al día de hoy por más de 450 millones de personas. En este punto, para estrenar en Sin Jiribilla algunas de las nuevas palabras reconocidas por la Real Academia de la Lengua, le dejo este párrafo coloquial:

Como buen bloguero que usa chats, les mandé un tuit a mis amigos invitándoles a beber birras mientras veíamos el partido de nuestro equipo blaugrana y pasarlo chupi, pero el mensaje no les llegó, tal vez falló el wifi de mi tableta o los hackers hicieron de las suyas. Al final sí nos reunimos, pero Pablo, no asistió por atender en un spa el affaire que sostiene con su secretaria, Pedro tampoco, por irse con Carmen, su amigovia, a beber margaritas en su auto tuneado y Jorge, sólo nos amagó en ir y mejor se fue a su clase de idiomas para erradicar su disgustoso espanglish, el resto llegamos al bar, un gorrilla nos ayudó a encontrar lugar en el aparcamiento y disfrutamos la tarde hablando de gaitas.

Espero haya entendido el párrafo anterior. La palabra es por excelencia la herramienta para la expresión del individuo, a través del idioma, las sociedades se cohesionan y las personas se comunican, como hispanohablantes, debemos esforzarnos por su preservación a través de su uso.

Según la Directora del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, Aurelia Vargas Valencia, en México, un estudiante promedio de preparatoria tiene un léxico de entre 300 y 2 mil vocablos; para dimensionar nuestra pobreza de vocabulario, en esta última edición, el Diccionario de la Real Academia cuenta con 93,111 palabras.

Sin capacidad de expresión se nos achica el pensamiento.

@licpepemacias