En ocasión del Viernes Santo, el Obispo José María de la Torre Martín señaló que “la muerte de Jesús en la Cruz es consecuencia, no finalidad de la Encarnación. Si Jesús se hubiera encerrado en la Sinagoga, hubiera vivido para la norma, se hubiera pasado la vida en purificaciones y rezos, sólo preocupado por los bordados de sus vestidos”.

“En cambio Jesús compartía y se compartía, llamaba a compartir; denunciaba la hipocresía y la fragilidad del corazón, incluso la del corazón de sus amigos. Pero seguía amándoles”, explicó.

El pastor explicó que Jesús invitaba a servir en lugar de dominar; repudiaba la violencia, hablaba con la verdad, perdonaba y sanaba aquello que estaba enfermo de cada hombre y mujer que lo buscaba. Relató que en su tiempo, hacer todo esto irritaba y sigue irritando; para algunos fue insoportable y había que matarlo.

“Cuando se avecina la crisis, la pasión, los ‘fans’ lo abandonan; pero los amigos, no sin miedo y confusión, se quedan”.

Comentó que las ovaciones, los fanatismos son tan efímeros como las palmas que se agitan en el viento; la amistad es la que lleva al seguimiento, ese que sabe quedarse y amar en la confusión, en la inseguridad, en la crisis. En la actualidad, surgen las interrogantes: ¿Acaparas o compartes?, ¿perdonas?, ¿qué sale de tu boca?

Finalmente, José María de la Torre expresó: “como Jesús, hay que ser solidarios, evitar la violencia, perdonar y ser humildes; no permitamos que su crucifixión haya sido en vano”.