La población puede contribuir a evitar la venta de bebidas alcohólicas adulteradas; una alternativa es romper el marbete (sello con relieve), cuando se acabe el contenido de la botella y antes de tirarla; de esta manera, no pueden inyectar los frascos con alcohol y colorante para simular un brandy, whisky, etc.
“Con el apoyo de unas pinzas, se puede romper el sello con relieve, que sirve como dosificador al servir la bebida; en la medida en que esté alterado el envase, ya no podrá traficarse con el producto y claro que hay muchas formas de adulterar una bebida, pero cuando menos, se puede contribuir de esta manera”, recomendó el titular de Regulación Sanitaria del ISSEA, Octavio Jiménez Macías.
El mayor problema se da cuando la adulteración se hace con alcohol metílico (metanol).
Explicó que el alcohol etílico es usado para la fabricación de bebidas alcohólicas, cosméticos, dispositivos médicos (gel antibacterial y alcohol etílico desnaturalizado), y como desinfectante en las fábricas de medicamentos, entre otros.
En tanto, el alcohol metílico (metanol) es usado como solvente, combustible, plastificante y en la producción de pinturas, barnices, cementos, tintas, plásticos, colorantes, entre otros.
Cuando se inhala alcohol metílico, se irritan las mucosas nasales y oculares; produce asfixia, vértigo, tos, dolor de cabeza, náuseas, vómito, trastornos oculares, convulsiones e inconsciencia.
Cuando se ingiere, pueden provocarse disturbios visuales, dolor abdominal, diarrea, vómito e inconciencia. En casos graves: coma, paro respiratorio, ceguera, convulsiones, acidosis metabólica severa y muerte.
Cuando el contacto es con la piel, los efectos son iguales a la inhalación; además, produce resequedad, enrojecimiento y dolor.