Prof. Flaviano Jiménez Jiménez
Los expertos en materia educativa sostenían, y aún afirman en nuestros días, que los supervisores escolares constituyen la columna vertebral del Sistema Educativo; porque mediante ellos cobran realidad, en las escuelas, las disposiciones oficiales que emiten las autoridades competentes del ramo. En otras palabras, de ellos depende, en gran medida, el buen funcionamiento de las escuelas en el otorgamiento de los servicios educativos de calidad. Por tal razón, la Ley General del Servicio Profesional Docente, en su Artículo 4, Frac. XXIV, establece: “El Personal con Funciones de Supervisión, es la autoridad que, en el ámbito de las escuelas bajo su responsabilidad, vigila el cumplimiento de las disposiciones normativas y técnicas aplicables; apoya y asesora a las escuelas para facilitar y promover la calidad de la educación; favorece la comunicación entre escuelas, padres de familia y comunidades; y realiza las demás funciones que sean necesarias para la debida operación de las escuelas, el buen desempeño y el cumplimiento de los fines de la educación”.
Con fundamento en estas disposiciones, el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación ha publicado los perfiles, parámetros e indicadores, en los que se ha de evaluar a los supervisores de las escuelas. En la primera dimensión, se evaluarán: las acciones que han realizado para mejorar la calidad de la educación en las escuelas de la zona; las acciones y las estrategias empleadas para asegurar el fiel cumplimiento del calendario escolar vigente; las gestiones que han llevado a cabo para que los alumnos de las escuelas de la zona cuenten con los maestros, los libros y los materiales de apoyo educativo; las medidas que han puesto en operación para que el tiempo escolar, de las escuelas bajo su cuidado, se aproveche efectivamente en la formación integral de los educandos; las estrategias aplicadas para que los propósitos educativos, los enfoques y los contenidos curriculares, aseguren aprendizajes relevantes en los alumnos; los apoyos brindados a las escuelas para que éstas cumplan con los objetivos y metas de sus proyectos educativos; los mecanismos utilizados para propiciar el trabajo colaborativo en las instituciones; las ideas y las reflexiones puestas en marcha tendientes a mejorar la práctica docente en las escuelas; y las evaluaciones periódicas que han realizado sobre el aprendizaje de los alumnos.
En la segunda dimensión, se evaluarán: las acciones de la supervisión en las asesorías técnico-pedagógicas y acompañamientos a las escuelas, a partir de las necesidades surgidas en las Rutas de Mejora; en los seguimientos y evaluaciones que realizan el asesor técnico pedagógico y el supervisor con el objeto de mejorar las prácticas de la enseñanza; en las estrategias para fomentar el desarrollo profesional de los directores y los colectivos docentes de las escuelas; en las orientaciones y apoyos que se brindan a las instituciones para que con fundamento en la autonomía de la gestión escolar se tomen las mejores decisiones con el fin de elevar la calidad de la educación; en el fortalecimiento del liderazgo de los directores y del supervisor para diseñar y operar las Rutas de Mejora con metas comunes en los aprendizajes de los alumnos, así como para impulsar el trabajo colegiado de los Consejos Técnicos Escolares, del Consejo Técnico de Zona y de los Consejos de Participación Social en la Educación, como elementos necesarios que favorecen la autonomía de la gestión escolar; en la identificación de fuentes de información para realizar diagnósticos de la situación educativa de las escuelas con el fin de formular el plan de trabajo de la zona; y para diseñar mecanismos de comunicación entre la comunidad escolar y las autoridades educativas sobre la mejoría de los servicios escolares.
Los supervisores de las escuelas podrán esgrimir que, por las características peculiares del Sistema Educativo Estatal, no todo depende de ellos para el buen funcionamiento de los planteles; sin embargo, se tiene que reconocer y aceptar que en la mayoría de los rubros mencionados sí hay grandes posibilidades de su intervención como para que las escuelas rindan las mejores cuentas académicas. En tal virtud, lo que procede y se recomienda a los supervisores es que realicen una autoevaluación sobre el desempeño de sus funciones y los resultados obtenidos para darse cuenta de los avances, de sus baluartes y de las deficiencias. Identificando éstas, como profesionales de la educación podrán hacer lo necesario para superarlas, y de esta forma estar en condiciones para tener éxito en las evaluaciones, así como para brindar mayores y mejores apoyos a las escuelas. Considérese lo fructífero que puede resultar un intercambio de experiencias exitosas entre pares y un permanente trabajo colegiado. La educación de los niños, de los adolescentes y de los jóvenes, merece todo tipo de esfuerzos.
Los perfiles, los parámetros y los indicadores, de las dimensiones 3, 4 y 5, son muy similares tanto para los docentes, directores y supervisores, para efectos de la evaluación. Por tanto, deben apoyarse de manera recíproca en estos puntos, para bien de todos.

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