Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

El aspecto más polémico de la actual Reforma Educativa, en su proceso legislativo, fue lo referente a la evaluación del desempeño docente para la permanencia en el servicio educativo. Después de varios meses de discusiones, rechazos y protestas, finalmente esta iniciativa quedó establecida en la Ley General del Servicio Profesional Docente para su observancia. Por ello, ahora el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) está organizando y afinando los mecanismos necesarios con el fin de aplicar las evaluaciones al magisterio a partir de 2015.

Desde su fundación, hasta la fecha, la Secretaría de Educación Pública (SEP) jamás hizo definiciones de las características de un buen maestro, únicamente se ha concretado en extender certificados y títulos de estudio, documentos suficientes para que los maestros se pusieran a trabajar en las escuelas. Otra grave omisión, la Secretaría tampoco ha formado directores, ni supervisores escolares; por tales razones, el sistema educativo ha venido funcionando con docentes, de cierta antigüedad, improvisados como directores y supervisores, pero sin nociones fundamentales para su desempeño. Habrá que reconocer los prodigios que han hecho, durante décadas, estos servidores públicos que sin formación expresa han logrado que las escuelas funcionen en su gestión técnico-pedagógica y administrativa. Con toda seguridad se tendrían mejores resultados educativos si la SEP, desde su inicio, formara directores y supervisores con clara visión de garantizar servicios educativos de calidad; y, también, mucho hubiera contribuido la formación de docentes con perfiles definidos hacia la excelencia. Hoy, en cambio, se pretende evaluar a los docentes, a los directores y a los supervisores, con criterios de alta eficiencia, pero sin haberlos formado en esa línea. Lo que es un contrasentido.

Tratando de enmendar las omisiones señaladas, recientemente el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, a marchas forzadas, ha tenido la necesidad de establecer algunos criterios técnico-pedagógicos para evaluar el desempeño docente, los cuales están agrupados en cinco dimensiones y cada una de éstas, a su vez, destaca perfiles, parámetros e indicadores, que serán materia de los exámenes para preescolar, primaria y secundaria, respectivamente. En tal virtud, es recomendable que las maestras y los maestros consulten las páginas electrónicas del INEE con objeto de conocer estos criterios, analizarlos, entenderlos y aplicarlos en el diario quehacer educativo para estar en condiciones de obtener buenos resultados en los exámenes; pero, sobre todo, para mejorar la práctica docente que es el propósito central de la evaluación.

A continuación, se presenta una síntesis muy apretada de los mencionados criterios: en la Dimensión I, se pretende examinar a los maestros sobre el grado de dominio de los propósitos, los enfoques y los contenidos del plan y programas de estudio vigentes; así como de los conocimientos del desarrollo de los alumnos y de los procesos de aprendizaje. En la dimensión II, la intención es evaluar las distintas estrategias y recursos didácticos que los docentes utilizan para que los alumnos desarrollen actividades de aprendizaje; estrategias, recursos y actividades, que resulten adecuados a las características de los educandos, a sus procesos de aprendizaje, a sus intereses y deseos de aprender. En otras palabras, en este apartado se evaluarán las planificaciones didácticas, las formas de organizar las clases, los procesos de evaluación de los aprendizajes, las formas de intervención para atender las necesidades específicas de los educandos, así como el establecimiento de ambientes que favorezcan los aprendizajes en el salón de clases. En la Dimensión III, será fundamental demostrar la capacidad de construir y consolidar la experiencia docente, entendida ésta como la constante búsqueda y puesta en práctica de procedimientos novedosos que permitan superar obstáculos y mejorar, gradual y progresivamente, los aprendizajes de los alumnos. Para tales efectos, será indispensable organizar la propia formación continua en los ámbitos pedagógico, didáctico, desarrollo humano y en las corrientes académicas más avanzadas; además, tener disposición para llevar acabo trabajos colaborativos con los compañeros maestros, los directores y supervisores. Adicionalmente, los docentes deben evidenciar herramientas y productos de investigación sobre la enseñanza y los aprendizajes; del desarrollo de competencias comunicativas que les permitan analizar y comprender textos especializados, así como para escribir y expresarse oralmente con claridad. En la dimensión IV, los docentes deben manifestar conocimientos, pero también capacidad de análisis, juicios críticos y plena disposición para la aplicación del marco jurídico que sustenta a la educación, destacando el Artículo Tercero constitucional, la Ley General de Educación y la Ley General del Servicio Profesional Docente; asimismo, demostrar capacidad para establecer un clima escolar que favorezca la equidad, la inclusión, el respeto y la empatía, entre los integrantes de la comunidad escolar y que todo esto coadyuve al aprendizaje de los alumnos. Y en la Dimensión V, debe haber claros indicios, teóricos y prácticos, sobre las relaciones de colaboración entre los que conforman la comunidad y el entorno escolar para definir y desarrollar el proyecto de la escuela. En este contexto, los maestros deben tener claro que los procesos educativos que se desarrollan al interior de las aulas, son para que trasciendan fuera de la escuela e impacten positivamente en la vida cotidiana de los alumnos. Hasta aquí por el momento.