Prof. Flaviano Jiménez Jiménez
Se ha comentado mucho acerca de la evaluación a los maestros frente a grupo y poco se ha mencionado sobre la evaluación del desempeño a los directores de las escuelas, cuando éstos son los garantes del funcionamiento eficaz de las instituciones educativas, pues como lo establece el Artículo 4 de la Ley General del Servicio Profesional Docente, en su Fracción XXIII, “El personal con funciones de dirección: es el que realiza la planeación, programación, coordinación, ejecución y evaluación de las tareas para el funcionamiento de las escuelas con el marco jurídico y administrativo aplicable, y tiene la responsabilidad de generar un ambiente escolar conducente al aprendizaje; organizar, apoyar y motivar a los docentes; realizar las actividades administrativas de manera efectiva; dirigir los procesos de mejora continua del plantel; propiciar la comunicación fluida de la Escuela con los padres de familia, tutores u otros agentes de participación comunitaria y desarrollar las demás tareas que sean necesarias para que se logren los aprendizajes esperados”. Por tanto y con base en esta disposición, el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) ha publicado los parámetros y los indicadores en los que se evaluará a los que reúnan los requisitos y tengan la intención de promoverse como directores de las escuelas; y todo parece indicar que a los directores en servicio, también se les evaluará con los mismos criterios técnicos establecidos. ¿Cuáles son éstos?
En la primera dimensión, la evaluación se hará acerca del conocimiento y lo que hacen los directores en relación con las tareas fundamentales de la escuela como: lograr que se cumplan los propósitos educativos señalados en el marco normativo y en los programas de estudio; propiciar y apoyar prácticas docentes efectivas en los salones de clase; vincular y hacer que los padres de familia participen en las actividades de la escuela; establecer y alcanzar metas centradas en los aprendizajes de los alumnos; impulsar el trabajo colaborativo entre los integrantes de la comunidad escolar; diseñar y operar mecanismos que aseguren el efectivo aprovechamiento del tiempo escolar en actividades formativas de los educandos; orientar al Consejo Técnico Escolar hacia la organización y el buen funcionamiento de la escuela; emprender acciones tendientes a conocer el desarrollo físico, cognitivo, afectivo social, y sus implicaciones en los procesos educativos de los alumnos; diseñar instrumentos y aplicarlos para la evaluación permanente del aprendizaje de los educandos.
En la segunda dimensión, se evaluarán: los diferentes estilos de liderazgo que ejercen los directores en el desempeño de sus funciones y los efectos que éstos tienen en las relaciones con el personal de la escuela; las habilidades que emplean para mediar y resolver conflictos y establecer un ambiente laboral propicio; las estrategias que utilizan para motivar al personal docente en la capacitación y actualización permanentes con el fin de mejorar su profesión y elevar la calidad de sus servicios educativos; el análisis sistemático que realizan tanto de los resultados de las evaluaciones internas como de las externas como insumos para mejorar la calidad educativa de las instituciones bajo sus respectivas responsabilidades; las evaluaciones internas que realizan sobre el desempeño docente con miras de superar las áreas de oportunidad; la formulación de la Ruta de Mejora Escolar con la participación del colectivo docente, orientándola hacia los aprendizajes de los alumnos; los mecanismos que aseguren el desarrollo, el seguimiento y la evaluación periódica de la Ruta de Mejora; la instrumentación de estrategias para comunicar a las autoridades y a la comunidad escolar sobre los propósitos, las metas y los resultados de la Ruta de Mejora; las acciones realizadas con el fin de aprovechar adecuadamente las instalaciones de la escuela y el cuidado que se tiene en el mantenimiento de las mismas.
En otras palabras, con estos perfiles, parámetros e indicadores, hasta aquí descritos; se pretende que los directores propicien y consoliden la autonomía de gestión escolar, que es uno de los ejes rectores de la Reforma Educativa, en la que se privilegia el aprendizaje de los alumnos; y para ello, se requiere que el liderazgo de los directores impulse una organización escolar en la que participen todos los maestros y los padres de familia en la consecución de este propósito central de la educación.
Sería recomendable que, antes de que llegue la fecha establecida por el INEE para la evaluación del desempeño, los directores de las escuelas hicieran un ejercicio de reflexión y autoevaluación, muy profesionales, para detectar sus fortalezas y áreas de oportunidad, en relación con los parámetros e indicadores mencionados. Y en caso de identificar algunas debilidades habría que buscar, en diversas fuentes, los sustentos teóricos y las ideas fundamentales para ponerlas en práctica con objeto de superar las flaquezas y el desempeño directivo. De esta forma, todos ganarían y avanzarían: los directores, las escuelas, los maestros, los alumnos y los padres de familia. ¡Manos a la obra, señores directores!

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