Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Súper pompa y circunstancia

(Nota: Esta película se exhibe en cartelera comercial y se incluye en este espacio por su naturaleza analítica y observadora del fenómeno cinematográfico, pero es responsabilidad del espectador si decide asistir a una sala cinematográfica ante la contingencia sanitaria que impera).

A falta de una cultura como la griega, nuestros nuevos mitos deificados son los superhéroes, y en la nueva película de los Estudios Marvel el rol se aplica al dedillo, pues los “Eternos” son entidades alienígenas apostadas en nuestro planeta desde hace siglos que poseen la perduración y poderío de una deidad legendaria, pero con un trazo emocional muy frágil que curiosamente los acerca más a nosotros que a cualquier panteón mitológico. Este bienvenido giro que desglosa al filme de lo que ésta compañía ya nos tiene acostumbrados lo plantea la directora ganadora del Oscar Chloé Zhao, quien se encarga de este proyecto con una sensibilidad dramática no muy lejana a lo planteado en su galardonada cinta “Nomadland” en cuanto al extravío existencial de los protagonistas y su necesidad por localizar algún centro físico o emocional que les provea de validez y sentido a sus vidas (en este caso inmortales). Es por ello que la película posee varias escenas y momentos francamente interesantes donde su dinámica, reflexiones y momentos de intimidad reflejan la pesadumbre que acarrea la perpetuidad súper poderosa en un mundo donde la duración de sus habitantes es finita o el sentido de su misión en la Tierra (la cual se abordará en breve). Pero esto sigue siendo una producción Marvel, lo que significa que la narrativa debe ceñirse a una línea maniquea donde buenos y malos se enfrenten encajonando toda posibilidad de amplitud en cuanto a los elementos mencionados, por lo que “Eternos” no decepciona, pues maneja varias aristas sobre ética, devoción, fe y herejía que tienden un suelo firme por donde el argumento pueda deshilvanar una riqueza argumental inusual en este género, pero sí frustra al confinar en las acostumbradas limítrofes de espectacularidad y resoluciones atrabancadas del cine comiquero estándar la ambición de su directora por ofrecernos una narrativa épica y majestuosa con tintes shakespereanos.
La trama: en un inicio hubo oscuridad, hasta que unos seres denominados Celestiales comenzaron su tarea de construir el universo hasta que aparecen unas criaturas de la oscuridad llamadas Desviantes que consumen y destruyen todo lo que tienen enfrente, por lo que un Celestial, Arisham, convoca a los Eternos, habitantes del planeta Olympia, para que exterminen a estos monstruos de la faz de la Tierra. Arribando en el año 5,000 A. C., este grupo integrado por la líder Ajak (Salma Hayek), el poderoso Ikaris (Richard Madden), la gentil Sersi (Gemma Chan), la infatigable y fiera guerrera Thena (Angelina Jolie), el dicharachero Kingo (Kukmail Nanjiani), el inventor Phastos (Brian Tyree Henry), la eternamente joven Sprite (Lia McHugh), el misterioso Druig (Barry Keoghan), la velocista sordomuda Makkari (Lauren Ridloff) y el honorable Gilgamesh (Don Lee) combaten a los Desviantes hasta exterminarlos utilizando sus respectivos dones, permaneciendo aquí bajo la consigna de jamás interferir en los asuntos humanos para que éstos evolucionen a su ritmo. Con el paso de los años todos se desbandan, hasta que el surgimiento de los Desviantes en la actualidad propicia su reunión para combatirlos, hasta que una intriga se revela como trasfondo en la reaparición de los grotescos seres.
La vastedad de situaciones que emerge tan sólo de la dinámica que propicia un conjunto numeroso de personajes con personalidades tan disímbolas u opuestas como los protagonistas ya era suficiente tal vez hasta para una serie de televisión (y aunque él hubiera no existe, ésta ambiciosa trama bien pudo beneficiarse más de ése formato sin la restricción de una duración apta para cines), pero si añadimos los conflictos inherentes a una historia de superhéroes -batallas aparatosas, villanos evidentes y ocultos, tensión y choques en un grupo variopinto, etc.- y aquellos de índole ético o teocéntrico sobre su rol como entes observadores y no activos entonces todo potencial por añadir aspectos serios o maduros en un filme de superhéroes se abrevia a lo más básico. Y este problema afecta no sólo a la posible naturaleza propositiva de la cinta, también a la necesaria exploración de los personajes, pues todos tienen ángulos o dimensiones dignas de observarse más detalladamente, como Thena quien padece de una enfermedad mental degenerativa, Sprite condenada a verse como una púber por eones o Sersi, quien ha sido señalada por Ajak como la nueva líder aún si no está lista para asumir este importante papel. Todo el cuadro actoral realiza un trabajo excelente en cuanto a la interpretación de unos personajes potencialmente imposibles de representarse convincentemente por sus cualidades divinas, pero toda interacción e integración como conjunto cuaja muy bien (menos Nanjiani, a quien se le obliga a ser el gracioso y acompañado de un comparsa botijón hindú igualmente insoportable), vendiendo la idea de que incluso con su pomposo mote de Eternos, sus mentes y corazones funcionan como los nuestros. Esta película llega a sentirse y a leerse de manera distinta a las demás, pero el esquema narrativo de Marvel simplemente no permite que, aún con un magnífico reparto y una de las directoras más sugerentes en la actualidad, los “Eternos” busquen encajar, así como estos poderosos personajes, en un contexto que no les corresponde.

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