Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Juan es un padre de familia con capacidades mentales y físicas diferentes; vive en condiciones de extrema pobreza; no tiene trabajo y para mantener a su familia se dedica, cuando puede, a limpiar vidrios de los automóviles en las esquinas de las calles. Su esposa es ama de casa y, de hecho, es la que se hace cargo de la familia. El hijo mayor, Juanito, también presenta capacidades diferentes y el menor, Gustavo de 12 años, se desarrolla en condiciones normales.
Juanito, aún con sus deficiencias ha cursado preescolar, primaria y ahora está en el segundo grado de secundaria. Las maestras y maestros, que ha tenido, han sido muy profesionales con él; han hecho adecuaciones curriculares de acuerdo con sus capacidades para no exigirle más de la cuenta; de esta manera lee y escribe lo básico. En cambio, su hermano Gustavo fue brillante en la primaria, sus calificaciones fluctuaron entre nueve y diez; y ahora que está en la secundaria (con Juanito) los maestros que le dan clases, en el primer grado, están sumamente sorprendidos por lo destacado en sus estudios. Su mamá, al darse cuenta de las buenas calificaciones que Gustavo obtiene en su escuela, en varias ocasiones le ha dicho: “Mi hijo, si continúas estudiando como lo vienes haciendo desde la primaria y ahora en la secundaria, tú puedes ser la salvación de todos nosotros. Tu padre no puede trabajar por las condiciones en que se encuentra; tu hermano Juanito también tiene severos problemas; pero tú, mi hijo, tienes todo para hacer una carrera; tú puedes salvarnos de esta miseria en que vivimos”. Gustavo escucha a su madre; sus ojos se le llenan de lágrimas; no dice nada, pero en su rostro se nota que esas palabras de angustia y de esperanza, de su madre, le calan hondo en su interior. Pero la realidad de esta familia es tan dura que impone rumbos diferentes. La mamá de Gustavo todos los días enfrenta el problema de no tener dinero para los alimentos; Juanito y Gustavo van a la escuela sin almorzar; el señor de la casa frecuentemente amanece mal y no puede ir a limpiar vidrios. Ante este orden de cosas, una mañana cuando los muchachos se preparaban para ir a la suela, Gustavo le dice a su madre: “Mamá, lleva a Juanito a la escuela; yo voy a limpiar los vidrios de los carros para traer un poco de dinero; mañana me pongo a mano con mis tareas”. La mamá llevó a Juanito a la secundaria y Gustavo se fue a las calles. En la tarde Gustavo regresó con algunos pesos, que mucho sirvieron para la comida de la familia. Esta práctica, de ir a limpiar los vidrios, se fue repitiendo en más días, mismos que Gustavo faltó a clases hasta que llegó el día en que los maestros hablaron con Gustavo y con su madre para saber los motivos de sus inasistencias. La madre comentó a los maestros la difícil situación económica de su familia y que, por tal motivo, los días que Gustavo faltó a la escuela, fue por haber ido a limpiar vidrios para conseguir algo de dinero.
Los maestros hicieron lo posible para regularizar los estudios de Gustavo; sin embargo, pocos días después, la difícil situación económica de la familia, en comento, hizo que Gustavo abandonara la escuela. Su madre le dijo: “Mi hijo, tienes que ayudarme. Tu padre cada día se pone más enfermo; que Juanito siga asistiendo a la escuela y tú dedícate a limpiar vidrios para que nos traigas con qué comer”.
La pobreza extrema y la situación de esta familia, hicieron que un excelente alumno malograra sus estudios y que abandonara la escuela para llevar el sustento a su familia. ¿Dónde están las becas y demás programas sociales?