Víctor Hugo Granados Zapata

Al ser estudiante de educación superior, comprendo de primera mano lo que significa ir a la universidad y querer ser parte de la mejora continua de mi entorno. Sin embargo, cada estudiante vive diferentes situaciones y contextos diversos, con diferentes perspectivas sobre cómo deberían tomarse las decisiones en nuestro país. De aquí se desprende la necesidad de contar con apoyos bien estructurados desde los gobiernos hasta las propias instituciones de educación superior. ¿Cómo se puede impulsar la participación de todas las y los estudiantes? ¿Cuáles son las alternativas más viables? ¿Qué impacto tuvo la pandemia en este sector?

Para empezar, no todas las universidades públicas cuentan con la misma infraestructura, recursos económicos, materiales didácticos, salones, etc., por lo que aplicar una medida general de apoyo sin contar con lo más elemental, desde el Gobierno, es una mala idea. Un plan a mediano plazo de mejora a las instalaciones de todas las universidades públicas, ubicando en un inicio las carencias que estas pudieran tener, sería un buen inicio para lograr una especie de “piso parejo”. Lo anterior con un cierto parecido al programa de “Escuelas al cien” del sexenio pasado o el de “La escuela es nuestra” de la administración federal actual, pero con un enfoque directo a las universidades públicas. En términos logísticos y administrativos, tanto la Federación como los estados (e incluso los municipios) pueden entrar a la elaboración de estos planes, debido a que constitucionalmente la educación es materia concurrente, sin embargo, un plan de este calibre requiere de un compromiso político enorme, así como un apoyo presupuestario por parte de los poderes legislativos de las entidades y a nivel nacional (algo que en los próximos tres años, por la composición del cámara de diputados, podría ser muy complicado).

En cuanto a la movilidad estudiantil, los programas de apoyo para enviar a estudiantes a otros estados e incluso a otros países es un factor muy importante para mejorar la integración multicultural de las universidades. Por otra parte, estas becas no se han aprovechado en áreas de oportunidad muy importantes, como la participación estudiantil con instituciones educativas para la mejora de la educación, por ejemplo, la participación con instituciones como Conafe que se encargan de llevar educación a las comunidades más retiradas del país, podría ser muy importante por dos motivos: el primero, cada estudiante podría tener una comprensión más amplia sobre la desigualdad que vivimos en nuestro país; y segundo, se pueden generar diálogos interinstitucionales para crear propuestas de política pública con orígenes totalmente estudiantiles enfocadas a combatir dicha desigualdad.

La inmersión de la participación estudiantil en la toma de decisiones. Esto último va en relación con el punto anterior, ya que las y los estudiantes contamos con un panorama más actualizado sobre los problemas públicos de nuestro país/estado/municipio, sin embargo, las oportunidades para proponer soluciones son pocas e incluso demasiado competidas. Promover talleres de problemas sociales y públicos en las universidades puede ser una gran área de oportunidad, ya que se podría discutir con las y los estudiantes interesados sobre su entorno y brindarles de herramientas (clases sobre cómo construir una agenda pública hasta seminarios para construir propuestas y enviarlas a las personas tomadoras de decisiones).

Finalmente, con relación a la pandemia, múltiples estudiantes de carreras cuyos planes de estudio tienen prácticas, talleres o laboratorios tuvieron una gran desventaja con la educación en línea. El regreso presencial a dichas prácticas presenciales debería ser una prioridad urgente para las autoridades educativas, asegurando que las instalaciones cuenten con las medidas sanitarias necesarias y reglas estrictas, con la finalidad de reducir al máximo el nivel de exposición al contagio. Todo esto con la incertidumbre de cuál fue el impacto de las clases virtuales a nuestro rendimiento académico de todas las y los estudiantes de educación superior, ya que indudablemente aprendimos menos y necesitamos nivelar nuestra calidad educativa. En este punto, la participación estudiantil debería ser vital para un regreso más eficiente.

De manera muy breve expongo estas propuestas con la finalidad de que se pueda lograr una mejora a la educación superior en nuestro estado. Sin duda alguna, tenemos muchas áreas que cubrir, sobre todo el apoyo a estudiantes en desventaja económica a través de becas y, en caso de continuar con el sistema a distancia, proveer de infraestructura tecnológica a las y los estudiantes que así lo requieran. La Universidad Autónoma de Aguascalientes tiene una oportunidad muy grande de poner el ejemplo al resto de las instituciones de educación superior, sin embargo, sin el apoyo de los gobiernos (en sus tres niveles) estas ideas cada vez se ven más lejanas. Las y los estudiantes queremos participar en la toma de decisiones, pero requerimos de mejores instalaciones, apoyo para quienes se encuentren en una situación complicada y una oportunidad efectiva para mejorar nuestra formación. No podemos esperar más tiempo.