Es emocionante estar en los pasillos de una universidad y ver a todos sus estudiantes revoloteando en ellos, la energía que se hace sentir es impresionante, es como una inyección de juventud.

El escuchar las alegres carcajadas, los gritos y algarabía que resuena en esos pasillos es como trasladarse por un túnel del recuerdo en donde hace algunos años, todos o la mayoría de nosotros estuvimos en las mismas circunstancias.

Lo que noto ha cambiado enormemente es el tipo de vestimenta utilizado por los jóvenes de hoy en día, comparado con los estudiantes de hace 15, 20 o 30 años. La moda estudiantil es cada vez más ligera y casual, ha perdido casi todo indicio de formalidad. Aun así, como en todo, se puede ver a aquella jovencita o joven que tienen un impecable gusto en el vestir y que sus atuendos diarios son toda una obra de arte, vanagloriando por todo lo alto a esa noción de la moda, acoplada a su estilo personal.

Desgraciadamente la mayoría de los estudiantes no prestan mucha atención a su apariencia personal, justificando su desfachatada “moda” en las tendencias, en la libertad que les da su edad, o en que su cabeza está en los estudios, volviendo la prioridad de su apariencia uno de los escalones más bajos en sus escalas de jerarquía.

Hay ciertas cosas que la juventud permite o tolera, el problema es que cuando esos jóvenes culminan sus estudios y desean ingresar al ambiente laboral, la deplorable atención puesta a lo largo de los años a su apariencia, cobra su factura. Comienza a haber crisis al no saber cómo cuidar su apariencia y comportamiento para acudir a una entrevista de trabajo, para asistir adecuadamente vestidos a un puesto, para dar una conferencia, etc. La falta de atención a su apariencia durante los años estudiantiles deja huella.

No les mencionaría esto si no supiera a ciencia cierta de lo que hablo. Uno de los principales cursos o talleres que me piden en las empresas es precisamente esto, el hablarles a sus empleados de la correcta vestimenta, comportamiento y arreglo personal en el área laboral. Es impresionante ver cómo muchas de las empresas tampoco han considerado establecer un código de vestimenta para su empresa, por lo que los problemas dentro de este rubro no se dejan esperar.

Recuerden un dicho muy viejo… “Como te ven, te tratan”. Además, no podemos ignorar que cada persona que labora en alguna empresa o institución, es su tarjeta de presentación.

 

El Poder de tu Imagen.

silvia@consultoriadeimagen.com.mx