Viridiana Martínez
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-Los hermanos Miguel Ángel y Gabriel Neri deben compartir un teléfono celular que les dieron sus papás para cursar el primer grado de secundaria y quinto de primaria, respectivamente.
Su papá, Marcelino, compartió que no cuentan con internet ni computadora y no han adquirido esos servicios debido a su alto costo y los escasos recursos que les llegan a partir de la pandemia.
Además, es más económico que los niños cursen las clases desde el móvil a que vayan al café internet, pues con la pandemia, el trabajo en la estética en la que labora disminuyó y eso ha mermado sus ingresos, refirió.
“No convendría por el costo de la hora. No hay para pagarlo. No hay trabajo. Sería mucho dinero a la semana”, refirió Marcelino.
Si sus niños acudieran a un cibercafé gastaría a la semana alrededor de 600 pesos por ambos, considerando que cada uno requiere de utilizar el internet unas seis horas.
“Ha sido difícil (estudiar desde el celular) porque no me acostumbro a trabajar con el internet, a veces se me olvidan las cosas”, confesó Miguel Ángel, de 11 años.
Agregó que a veces la página para seguir la transmisión de sus clases se traba y ya no puede verla.
Su papá explicó que la red se satura por lo que no se acaban de acostumbrar a esta modalidad porque además los niños no aprovechan del todo sus clases.
Además, Miguel Ángel y Gabriel se van turnando el teléfono, pues cada quien tiene su horario de estudiar y sólo can al cibercafé para imprimir tareas.
En un recorrido realizado por la Colonia Pedregal de Santo Domingo, Coyoacán, se observó en una calle al menos tres cibers cerrados, pero en los que estaban abiertos no había personas.
Israel Zaragoza, encargado de uno de los café internet, señaló que hasta ahora no han acudido estudiantes a tomar clases en el mismo.
“De repente vienen a preguntar y a investigar, a imprimir pero no se quedan mucho solo lo básico, no les conviene mucho”, agregó Israel.
Alejandro y Mariana, quienes van a la primaria, estudian a través de la transmisión de clases por televisión que se hace por diferentes canales.
La primera semana fue la más complicada porque no encontraban las clases para cada uno así como los horarios, contó Karla Verónica Álvarez, mamá de ambos.
Dijo que a menos que los niños tengan que investigar algo utilizan el internet del celular porque no cuentan con computadora.
“Extraño todo, jugar con mis compañeros, escribir en el pizarrón, así como que no le entiendo porque luego pasan comerciales y me distraigo”, contó Alejandro, quien va en quinto de primaria.
Y Mariana, de 9 años, aseguró que el estar en casa estudiando le estresa porque son muchas materias las que deben ver al día.