Por J. Jesús López García

El Arq. Ludwig Mies van der Rohe (1886-1969) comentaba que la construcción es la gramática de la arquitectura. Conociéndola, toda obra utilitaria o artística, podía realizarse felizmente y de manera adecuada, lo equivalente en la gramática literaria a escribir desde un instructivo hasta un poema, así es con la construcción, entendiendo sus rudimentos se produce toda clase de edificios.

Mies van der Rohe seguía la línea de pensamiento del Ing. Franҁois Auguste Choisy (1841-1909), quien consideraba que los grandes estilos de la arquitectura eran los más apegados a la buena construcción, tomada ésta por aquella más racional, que apelando a la economía de recursos, podía expresar lo más depurado de la cultura que le rodeaba, mostrando su capacidad de despojarse de todo aquello considerado superfluo. Esos grandes estilos provenían de un tronco común surgido de la Antigüedad egipcia, griega y romana, que luego continuó con el estilo Gótico y luego pasar por las formas y disposiciones renacentistas, brincando al Neoclasicismo y de éste a la arquitectura del Movimiento Moderno.

Lo anterior viene a colación por algunas preguntas, que ante el maremágnum de imágenes que pululan entorno nuestro, no pueden encajar como Choisy, los estilos con su tiempo y con sus contextos social y espacial, por ello es complejo hoy hablar de estilos pues poseemos una variedad de formas y tendencias diversas de una manera inédita que además se suceden de un modo vertiginoso dando poco tiempo y espacio para encajarles en un todo coherente.

Los estilos arquitectónicos surgen de un proceder de construir, que se repite entre un grupo de oficiantes que inician así una tendencia. Esa manera de edificar depende del medio físico natural, del entorno construido, de la economía del lugar, de la estructura social y del momento histórico, todo lo cual determina la forma arquitectónica, el lugar donde se dispone y el periodo en que se realizaron éstos adscritos a una tendencia o estilo.

Desde el siglo XIX y sobre todo el XX, parecen proliferar las formas más variadas, por el comercio y la influencia internacional, materiales, técnicas y modas que se mezclan y se difuminan las diferencias entre preferencias.

Es relativamente sencillo establecer ciertos rasgos y características de edificios que pueden considerarse al menos tendencia en ciertos episodios de la historia mundial y local, como la residencia en la calle Emiliano Zapata No. 320 que corresponde al posmoderno en que las casonas tradicionales con un zaguán y un patio ya tenían tiempo sin realizarse debido a un cambio radical en los modos, usos y costumbres del habitar, en que el auto y los jardines se constituían como elementos utilitarios indispensables, el primero para fines funcionales, los segundos para procurar más iluminación y ventilación. Las formas arquitectónicas en ese tiempo se zafaron del repertorio vernáculo pero también de aquel de la arquitectura del estilo internacional que precedió a la tradición y se mostró más abierto a poliedros y disposiciones libres, losas inclinadas, pérgolas y sobreposiciones de volúmenes menos “racionalistas”, mezclado todo ello bajo superficies recubiertas con diferentes acabados.

La posmodernidad finalmente es más un conjunto de tendencias que un estilo definido, tal como ocurrió con el Movimiento Moderno, pero con una profusión de lenguajes formales casi explosiva, donde la diversidad y la variedad se manifiestan de una manera más libre.

¿Cuál es el estilo o cuáles son los estilos que destacan hoy? No puede enunciarse algo así, pues las tendencias corrientes aún no han cristalizado en estilos definitivos que por tanto deban acotarse en un periodo de tiempo y en puntos geográficos determinados. Se están asentando los rasgos modernos y posmodernos de lo que en un futuro terminarán siendo los estilos que habrán de definir a nuestro tiempo.