Alicia de J. Giacinti Comte

En recuerdo de Ana María Ramírez Alonso, maestra y amiga

Aguascalientes tiene su himno, obra de un buen poeta del siglo XIX. Ambos, el poeta y el himno son prácticamente desconocidos en nuestros días. A veces, pocas, en alguna ceremonia cívica, la Banda Municipal toca el himno, rara vez se canta, quizá sólo el 22 de octubre, aniversario de la fundación de la ciudad. Muchos de los aguascalentenses no conocen ni la música ni la letra de su himno y menos han oído hablar de su autor, Estévan Ávila, quién fue gobernador de Aguascalientes de 1860 a 1862, dramaturgo, poeta y activo promotor de la cultura, además fundador de varios periódicos y activo colaborador en otros.

Nació el día 25 de diciembre de 1827 y fue bautizado con los nombres de Estévan Rafael del Refugio. Fueron sus padres José María Ávila y Ma. Antonia Mier.[i] Su familia era acomodada y su educación fue de acuerdo a la clase privilegiada en la que le tocó nacer.

Fundador del Partidario Liberal en Aguascalientes, permaneció fiel hasta su muerte, a pesar de que esa filiación trajo consigo peligros, especialmente durante las épocas aciagas de la invasión francesa. Fue diputado local en la legislatura que redactó la primera Constitución de Aguascalientes. Desde su puesto de gobernador protegió a la prensa, estimuló a los literatos, impulsó la instrucción pública, abrió una biblioteca y consolidó la paz y tranquilidad, tan lastimadas en la lucha fratricida.

Dos hechos nos hablan del amor por su patria chica y su hondo sentido de mexicanidad: el primero, ya señalado, es que a su inspiración se debe el Himno de Aguascalientes, de 1867, y el segundo que, como Gobernador del Estado, organizó una fuerza de coterráneos para enfrentar al invasor francés y dejó su alto cargo para encabezarla personalmente. En pocos días organizó una brigada de más de 800 hombres decididos a pelear y a morir defendiendo la independencia. En febrero de 1862, Estévan marchó al frente, al mando de su ejército. Un grupo de damas se encargó de coser la ropa de munición para las tropas que irían a defender a la Patria. El periódico oficial, El Porvenir, en su edición del 23 de febrero de 1862, registra los nombres de esas damas y en primer lugar aparece el de la señora Guadalupe Amézquita de Ávila, esposa del gobernador. En abril regresó Ávila al Estado pero no pudo recuperar su puesto de gobernador por lo que se dedicó a la literatura, al periodismo y a litigar.

Los políticos del siglo XIX, que eran a su vez periodistas y literatos, como Guillermo Prieto, Ignacio Manuel Altamirano y otros, como el propio Estévan, en su momento tomaron los fusiles en defensa de sus ideales y participaron en batallas. Cuando ya no fue necesario, porque su partido había derrotado al enemigo o los invasores se habían marchado, dejaron de lado las armas e hicieron de su pluma una nueva arma, y desde la trinchera de sus periódicos continuaron luchando por lo que ellos creían justo. Esto fue la causa de que durante ese siglo la prensa tuviera un desarrollo tan intenso, aun en lugares muy pequeños como Aguascalientes.

Organizó, en diciembre de 1860,  la sociedad llamada Crepúsculo Literario y fundó, el 15 de enero de 1861, un periódico semanal con carácter literario y cultural para la publicación de los textos de los socios del Crepúsculo.

Como poeta Estévan Ávila pertenece a la corriente literaria llamada Romanticismo. Mucha de su poesía está fuertemente marcada por el sentimiento patriótico que es un rasgo de aquel. Otros de los motivos del Romanticismo son los ambientes nocturnos y la evasión. Ésta puede ser hacia países lejanos, lo medieval y al sueño. En el caso de Estévan el sueño es un tema recurrente. Veamos los nombres de algunos de sus poemas: en La Imitación aparecieron “Un sueño” y “El ángel del sueño”, en Don Simón, “Fue un sueño”. En estos poemas se repiten las imágenes nocturnas. Otro poema con ambiente nocturno y amor es “A la luna”, que Alejandro Sandoval recoge en Poesía de Aguascalientes. “En el río”, publicado en el número 22 de El Porvenir, retoma el motivo de la noche y los paisajes idílicos y combina las estrofas de versos alejandrinos con las de octosilábicos; ese cambio de ritmo nos recuerda la célebre Canción del Pirata, de José de Espronceda. El yo romántico de Estévan Ávila también manifiesta el dolor y se muestra pesimista al afirmar que la felicidad no existe, o bien expresa su pena por la muerte de la madre de un amigo o lanza un grito de angustia a la amada  cuando le pregunta: “¿Te olvidarás de mí?” en un poema de cuartetos endecasílabos con pie quebrado heptasílabo, cuya estrofa final dice:

Cuando se haya perdido para siempre

El eco ronco de mi pobre lira

Dime por Dios, encantadora Elvira,

¿Te olvidarás de mí?

Los versos de Ávila son dulces, sonoros, armoniosos a veces, verdaderos poemas menores. La lectura de sus creaciones confirma el juicio del historiador Agustín R. González de que Ávila fue un buen poeta, aunque su calidad es un tanto desigual.

Otras de sus obras podrían entrar en el rubro de los corridos mexicanos. En Don Simón, número 4, se publicó “Historia del Imperio y de la intervención contada por Fabio a Don Simón. Estévan Ávila fue muy hábil es en las composiciones que tenían la finalidad de la satirizar y criticar a la sociedad en general o a algunas personas en particular; aunque también hay otros poemas graciosos que fueron hechos con objeto de divertirse y divertir, como sus Calaveras.

Algunos periódicos fundados por Ávila fueron El Tapaboca, en 1854 y el Mentor en 1858, El Calavera, en 1865 y Don Simón, en 1867. Un texto en este periódico en contra del gobernador en turno le valió prisión. Después trasladó su residencia y su periódico a Fresnillo Zacatecas en donde gozó de consideraciones por parte del pueblo y de los gobiernos local y estatal. Volvió a la política y triunfó en las elecciones para diputado federal por el distrito de Fresnillo. En esa ciudad murió de una afección pulmonar el 14 de febrero de 1880, a los 53 años.

Para terminar les dejo la letra de nuestro Himno de Aguascalientes.

 Si el traidor a la lid nos provoca

¡Arma al hombre a vencer o morir!

Que el rehusar si el clarín nos convoca

es afrenta en el mundo vivir.

     Cuna ilustre de Chávez y Arteaga[ii],

que a la patria mil héroes le das,

ciudad bella, hermosísima maga,

Dios te otorgue el progreso y la paz.

Nunca el sol de los libres su rayo

niegue airado a tu bóveda azul,

ese sol esplendente de mayo

que a tu gloria ha prestado su luz.

      Él alumbre tu senda de flores,

Él ¡oh Patria! otros triunfos te dé,

                   y no logren los ciegos traidores

nunca, nunca su luz obtener.

      Del oprobio la mancha execrable

cubra a aquel que la espada empuñó

para hundirla a la madre adorada

y a los viles franceses se unió.

      Caiga, caiga la afrenta en su frente

y en su nombre el eterno baldón,

nunca, Patria, te muestres clemente,

nunca a Lares[iii] le des tu perdón.

     Ciñe ¡oh Patria! tus sienes divinas

con los lauros que arranca el valor

y al mirar del Imperio las ruinas

alza ufana tus himnos a Dios.

     Ya no el peso de infames tiranos

a tus hijos pretenda oprimir,

que tu pueblo sea un pueblo de hermanos

donde puedan los libres vivir.

Como vemos, la letra conserva acentos y lugares comunes de las composiciones patrióticas del siglo XIX. Hay algunas frases que nos remiten, casi de una forma literal a nuestro Himno Nacional. La música con que es canta es de Miguel Meneses y la partitura la recoge Alejandro Topete en  Aguascalientes, Guía para visitar la ciudad y el Estado.

Estévan  Ávila fue el primer gobernador poeta que ha tenido Aguascalientes, el segundo fue, ya en el siglo XX, Edmundo Gámez Orozco.

[i] El acta de bautismo está en el archivo de la Catedral conservo la ortografía del nombre como está inscrito.

[ii] Fusilados por los imperialistas son considerados Hijos Ilustres de Aguascalientes, aunque sólo Chávez fue nacido en el Estado.

[iii] Se refiere a Teodosio Lares, Jurisconsulto  partidario del Imperio de Maximiliano.

 

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