Por J. Jesús López García

A los arquitectos y a quienes gustan de la arquitectura como objeto de aprecio, en múltiples ocasiones -por no decir que casi en todas-, nos parece que lo que se está realizando en la actualidad es lo más novedoso en soluciones, composición y técnica. Y tal vez lo sea en cuestiones técnicas añadidas a instalaciones -lámparas ahorradoras, mecanismos de control digital de temperatura, iluminación y acústica- o en el uso de algún sistema constructivo específico de relativa nueva aparición -como en su momento la losacero o las losas alveolares, o hace algunos siglos las estructuras de fierro- sea cierto.

Sin embargo, revisando los acervos centenarios de la arquitectura encontraremos que muchas soluciones ya habían sido practicadas, probadas y evaluadas a través de generaciones, lo que ocurre actualmente en materia arquitectónica es realmente el último y breve episodio de una historia milenaria. Cierto es que desde el siglo XVIII con una aceleración sin precedentes en el siglo XX y lo que llevamos de esta centuria del siglo XXI, las formas arquitectónicas se transformaron de una manera radical por los procesos de la industrialización y los cambios en las modalidades de habitabilidad que propiciaron entre otras cosas, la aceleración en el aumento de densidad demográfica y construida de las ciudades.

Pero también es cierto que dentro de la aún breve historia de la arquitectura moderna, las fórmulas formales y constructivas incluso se han repetido, lo cual no es negativo en sí; recordemos que buena parte de la arquitectura del siglo XIX consistía en repetir los arquetipos de las obras grecolatinas, como una especie de gramática que entre más apegado a los modelos establecidos, mejor evaluado su resultado. La arquitectura moderna propuso una ruptura frente a lo anterior, pero la misma modernidad devino en una serie de preceptos, conceptos y fórmulas que se repiten también, y su antítesis la posmodernidad, de una manera más libre tal vez, ha ido reiterando ciertas características en su lenguaje formal. Por ello, la repetición de formas y disposiciones arquitectónicas -y con ellas la reproducción de soluciones técnicas- no es una situación negativa. Lo que producirá nuevos cambios será la emergencia de recientes tecnologías -que sean extensivas y no sólo limitadas a pocos ejemplares- y, las modificaciones en los paradigmas de la habitabilidad y la utilización de los edificios.

Mientras ello ocurra, nos encontraremos con fincas de más de cincuenta años de antigüedad, que quitándoles la pátina de lo “viejo” -pintura añadida, cables en desuso, cancelerías que ya no son las que actualmente se suministran, aplanados que el tiempo erosiona- bien parecerían obras realizadas hace poco.

Seguimos en la dinámica de diseño y construcción de una arquitectura moderna  cuyos rasgos poseen una historia heredada de lo que se hizo en Aguascalientes, hace ya casi cien años, por lo que es sólo poner atención a nuestro entorno construido y “descubrir” viejos edificios con aires de haber sido concebidos hace poco o inmuebles  recientes que parecen haber sido concebidos hace medio siglo.

Lo anterior, no es un aspecto adverso, es solamente el reflejo de una manera moderna de concebir nuestra arquitectura, que aún se mantiene vigente. La novedad por la novedad no posee un gran valor, debe ser cimentada en cambios sociales, que a la imagen de nuestra arquitectura, realmente se han manifestado en sus características cuantitativas, más que en las cualitativas, por tanto, la sociedad ha modificado en sus notas más accesorias como su arquitectura, en lo medular siguen organizándose bajo los mismos paradigmas.

En la esquina conformada por las calles Alfonso Esparza Oteo y José Guadalupe Posada, aquí en Aguascalientes, existe una residencia que tiene varias décadas desde que se levantó, con características de diseño que bien podrían encontrarse en muchos otros inmuebles en años cercanos al que vivimos. Adscrita al acervo de la arquitectura moderna de Aguascalientes, este inmueble posee en su planta baja un local comercial y en la alta una generosa vivienda; muestra su disposición compositiva en franjas horizontales enmarcadas por las losas que pautan sus niveles; desde la azotea se asoman palmeras que también se suscriben al concepto moderno de la terraza jardín. Recubrimientos de madera y vidrios que rematan en escuadra son otras de las características que hacen de esta finca un ejemplar que bien puede enmarcarse en nuestros días. No es que edificios actuales que se le asemejen carezcan de originalidad, es sólo que la arquitectura va repitiendo sus lenguajes para lograr una manera local y temporal de expresión, y eso se consolida con los años. El edificio es una especie de hermano mayor en un conjunto de inmuebles que van dejando su estela moderna.

Particularmente en la calle Alfonso Esparza Oteo encontramos múltiples casas que fueron edificadas a partir de 1945 ya que se trazó para unir el Jardín de San Marcos con el reciente Centro Escolar “21 de Agosto”, es por ello que la actualidad arquitectónica se percibe en ellas. Es así que en varias calles y avenidas de la ciudad acalitana aun podemos apreciar múltiples obras modernas.