Víctor Hugo Granados Zapata

La televisión y el internet han sido tanto aliados como enemigos de la educación en México. Existe una multiplicidad de contenidos que podemos encontrar y que, dependiendo nuestra edad o nivel académico, tendrá un impacto en nuestra forma de percibir al mundo y a la sociedad. Como ejemplos benéficos tenemos aquellos (pocos) programas de cultura e historia mexicana que imparte canal 11 o que podemos buscar en youtube, donde podemos aprender sobre los sucesos históricos más relevantes de nuestro país o del mundo desde la comodidad de nuestro hogar, hasta aquellos programas (la mayoría) que a través de contenido “cómico” difunden estereotipos o burlas que eventualmente llegamos a normalizar y reproducir (por ejemplo, burlarse de las personas con sobrepeso, imponer roles de género, discriminar a personas por su color de piel u orientación sexual, etc). Pablo Latapí Sarre (fue un académico de la UNAM especializado en educación) realizó una serie de entrevistas a diversos ex secretarios de Educación, ellos también se preocupaban por el impacto que pueden tener los medios de comunicación en la formación de las niñas y niños, como señalaba Miguel Limón Rojas (secretario de Educación de 1995-2000) que el trato de generar acuerdos con los medios de comunicación (televisa, etc.) para tratar de limitar cierto tipo de programas de televisión abierta que tenían efectos que él consideraba “dañinos para una sociedad sana”, pero al final no logró dichos acuerdos sobre todo por el interés que tienen aquellas televisoras de aumentar el rating independientemente del impacto de los contenidos que ofrecen (Latapí Sarre, 2004).

Este año la problemática se transformó de manera radical con la llegada de la educación a distancia, ya que la televisión y el internet se han convertido en el único medio para tomar clases en nuestro país. Esto nos lleva a cuestionarnos cuál va a ser el impacto que va a tener este modelo de aprendizaje en un futuro, sobre todo cuando podamos retomar las clases presenciales y el impacto en el desarrollo académico de cada alumna y alumno mexicano.

En los últimos días, el titular de la SEP, Esteban Moctezuma, afirmó que dicho programa ha tenido un éxito y este mismo ha sido galardonado por Coneval con su premio “Buenas prácticas 2020”, lo que nos indica que la SEP es optimista con dicho programa y no ha anunciado cambios o modificaciones al mismo. Por otro lado, el periódico Reforma realizó una encuesta para los padres de familia con la finalidad de identificar la percepción que tienen sobre la educación a distancia, donde el 49% de los padres afirma que fue una buena decisión y el 45% dice que fue una mala decisión (el porcentaje faltante no contestó dicha pregunta); el 48% dice que la calidad de los programas es buena, 14% dice que el contenido es regular y el 33% dice que es de muy mala calidad. Por otro lado, también se les preguntó a los padres si han notado que a sus hijos les agrada la educación por televisión, donde solo el 27% dice que a sus hijos sí les agrada mientras que el 68% dice que a sus hijos no les agrada la educación por televisión. Finalmente, también se les preguntó a los padres sobre la efectividad de las clases por televisión en el aprendizaje de sus hijos, en la que el 5% afirma que estas han sido más efectivas, el 11% dice que son igual de efectivas que las presenciales y el 79% dice que son menos efectivas que las presenciales.

La percepción de los padres es uno de los indicadores más importantes para determinar la eficacia de la política educativa y sobre todo en estos tiempos donde la mayoría se ha convertido en los principales instructores o guías en la educación de sus hijos. El hecho de que la mayoría de los padres afirmen que la calidad de la educación a distancia es “menos efectiva” debería ser alarmante para las instituciones de educación pública de todo el país y, sobre todo, para la SEP ¿Las niñas y niños están aprendiendo realmente? ¿cada alumna y alumno está al corriente con sus estudios? ¿qué implicaciones puede tener esto en el futuro?

Desafortunadamente no podemos determinar, con la información actual, el impacto real de esta modalidad y es todavía más complicado ya que desaparecieron al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación en 2018, cuyo trabajo podría orientar con mayor efectividad a los tomadores de decisiones en materia educativa. Lo único que sí podemos afirmar es que, si la formación de las y los alumnos es deficiente estos tendrán mayores dificultades para ingresar a sus siguientes grados o nivel académico. Debemos como sociedad civil exigirles a las autoridades educativas que desarrollen planes o programas que busquen evaluar y compensar las posibles deficiencias que va a traer consigo la educación a distancia.

Ahora más que nunca debemos visibilizar estas problemáticas, ya que de no hacer algo pronto el problema crecerá y será muy tarde para apoyar a millones de estudiantes de Aguascalientes y de todo el país.