René Urrutia De la Vega

Pues con la novedad de que todo parece indicar que en el pasado proceso electoral acaecido en los Estados Unidos de Norteamérica ocurrió lo que solo había ocurrido quizá en dos o a lo sumo tres ocasiones en la historia reciente de ese país, que el presidente en funciones contendiera buscando la reelección y la perdiera, erigiéndose en este caso como virtual ganador el demócrata Joe Biden, un político con más de cuatro décadas de carrera política y con 73 años de edad.

Considerando que el, resultado sea efectivamente confirmado en los tribunales, luego de las impugnaciones que ya se han estado presentando por parte del equipo de campaña del, hasta ahora perdedor, Donald Trump, es viable hacer un breve análisis sobre la situación que representa para México este cambio de gobierno en el vecino país del norte, pues se trata de uno de los grandes temas pendientes para los mexicanos, para quienes la seguridad representa algo más que un rubro más en las listas de tópicos de las campañas electorales y de las administraciones federales.

Tres temas pondría yo como fundamentales en la relación bilateral México-Estados Unidos que merecen la mayor atención y en los que hay que poner el enfoque para ver de qué manera serán abordados y atendidos por la administración federal de aquél país que iniciará funciones el próximo mes de enero: el tráfico de drogas o narcotráfico, el tráfico ilegal de armas y la delincuencia organizada transnacional. Los tres temas se encuentran íntimamente relacionados y no pueden entenderse ni atenderse ninguno de ellos de manera aislada, sin los otros, pero finalmente tienen cada uno de ellos sus propias consecuencias e implicaciones.

Para nadie es ajeno ni extraño que uno de los grandes orígenes del narcotráfico y la delincuencia organizada en el mundo tiene que ver con el mercado que representa Estados Unidos como uno de los principales consumidores de drogas a nivel global y que a ello se debe que, en los países centro y sudamericanos haya crecido en forma exponencial la producción de drogas ilegales para ser transportadas y comercializadas en ese enorme mercado, pero también que a partir de ello fue que en los países productores y aquellos que eran considerados de paso o tránsito en el comercio ilegal de las drogas haya ido creciendo exponencialmente el consumo hasta convertirse en países altamente consumidores, todo lo cual alimentó, de la mano y con la ayuda del cáncer de la corrupción, a los grupos de la delincuencia organizada que han tenido un crecimiento desmedido en las últimas décadas. Pues bien, la colaboración que se da por parte del principal consumidor de drogas ilegales hacia los países del continente es fundamental y obligada para combatir este flagelo, sin embargo, hasta ahora los esfuerzos e inversiones que se han generado en este rubro no han sido capaces de controlar de manera suficiente a los grupos criminales que operan internacionalmente.

La llegada del demócrata Joe Biden a la Presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica parece representar una nueva esperanza para los mexicanos en materia de colaboración para el combate al narcotráfico y al crimen organizado, en virtud de que llega después de una verdaderamente fallida administración Trump, pero lo cierto es que lo único que puede ser una esperanza real en la relación bilateral, debe ser que el propio gobierno de nuestro país se coloque en la posición correcta y lleve a cabo las acciones adecuadas en esa materia para generar las condiciones necesarias que permitan articular esfuerzos e inclusive exigir la eficacia en las acciones y la colaboración asertiva y enfocada que se requieren para que verdaderamente se controlen los altos niveles en el tráfico de drogas y particularmente de armas, las primeras van de centro y sudamérica hacia Estados Unidos para cubrir la demanda un alto y creciente volumen de consumidores, mientras que las armas salen de aquel país, que es uno de los principales productores a nivel global, para cubrir la demanda cada vez más amplia en centro y sudamérica, inundando el mercado y permitiendo que los grupos criminales, y cada vez más la delincuencia común, tengan acceso a armas para perpetrar crímenes de manera regular.

La clave no está en el gobierno de los Estados Unidos, la clave está en el posicionamiento inteligente, responsable y asertivo que sea capaz de asumir el gobierno de México.

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