Juan Carlos Rodríguez
Agencia Reforma

GALEANA, NL.-Debanhi Susana volvió ayer por última vez a su hogar en el ejido Laguna de los Labradores, en Galeana.
A esa pequeña comunidad, ubicada a 5 kilómetros de la cabecera municipal, fueron llevados los restos de la joven de 18 años, desaparecida y encontrada muerta el pasado jueves.
«Ella era alegre», comentó Laura, amiga de Debanhi, «le gustaba estar en la Laguna con sus amistades. No debió irse de aquí».
Los pobladores, en su mayoría, despidieron a la joven con aplausos, globos, y cantos.
«Hasta pronto Debanhi», «Justicia», «Vuela alto», eran parte de los gritos que se escucharon al paso de una caravana de vehículos que creció hasta llenar las calles del ejido. Globos en color blanco y morado fueron colgados en puertas, barandales y ventanas.
«No me sorprende que nos reciban así, así somos aquí en Laguna», dijo Mario Escobar, padre de Debanhi, tras bajar el ataúd.
En la Iglesia San Isidro de Labradores, se ofreció una misa, a la que acudieron con interés unas 300 personas.
«Esta trágica muerte», dijo el Padre Rolando Aguillón Aguilar, «nos debe provocar un cambio, ninguno de nosotros partirá sin dejar lección de vida.
«Esta misa de cuerpo presente debe dejar huella».
Mientras el cielo cambiaba su color azul a un gris oscuro y los truenos amenazaban con lluvia, el cortejo partió con rumbo al panteón del ejido cerca de las 15:00 horas.
En esa zona de Galeana, con una panorámica espectacular de la Laguna de Labradores, Debanhi fue despedida en medio de lágrimas y un poco de lluvia.
«Hasta el cielo lloró», dijo el padre la joven, «qué lindo mensaje del cielo».
Los asistente no sólo lloraron la partida de Debanhi, sino que también le cantaron.
«Tú eres la tristeza de mis ojos, que lloran en silencio por tu amor», cantaron a coro decenas de asistentes al sepelio.
Con un breve mensaje, el padre de Debanhi agradeció el apoyo a su familia, pero recalcó que buscará justicia.
«Gracias a todos por su apoyo, no pararé hasta que se castigue al responsable», sostuvo.
Al concluir el entierro, la familia organizó una comida para los asistentes, y luego en caravana partió nuevamente a Monterrey.

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