
¿Qué significa construir en un planeta que ya ha sido sobreexplotado? Según el Informe Global de Biodiversidad del PNUMA, más del 75 % de la superficie terrestre ha sido transformada significativamente por la acción humana. Esta cifra, lejos de quedarse en el plano estadístico, plantea una disyuntiva real para quienes desarrollan proyectos en zonas de alto valor ecológico, como el sureste mexicano. Carlos Antonio Mimenza Novelo, empresario quintanarroense vinculado al desarrollo inmobiliario, ha optado por enfrentar ese dilema desde una perspectiva poco habitual en su sector: integrar principios de sostenibilidad sin renunciar a la rentabilidad.
“La única forma de crecer hoy es sin seguir destruyendo”, ha afirmado Mimenza en más de una ocasión, dejando clara su postura ante un modelo económico que históricamente ha ignorado los límites del entorno. Su visión, que combina expansión empresarial con responsabilidad ambiental, lo coloca en el centro de un debate urgente: ¿puede el capital privado liderar una transformación ecológica auténtica en contextos donde el Estado llega tarde o no llega?
En lugar de adoptar un discurso genérico sobre el cambio climático, Carlos Antonio Mimenza Novelo prefiere centrarse en los retos concretos que ha enfrentado al aplicar criterios ambientales en zonas de alta presión turística como Playa del Carmen. La gestión del agua, la erosión del suelo y la pérdida de corredores biológicos han sido temas presentes en su trabajo, muchas veces sin soluciones inmediatas o sencillas. En este contexto, ha compartido su convicción de que la sostenibilidad requiere más que declaraciones: demanda estructuras capaces de sostenerse frente a las contradicciones del mercado y las urgencias políticas. “La sostenibilidad no se construye con intenciones, sino con decisiones que resisten cuando todo empuja en contra”, explica Mimenza, subrayando que el compromiso ambiental real se mide en los momentos difíciles, no en los discursos públicos.
Del diagnóstico a la acción: el modelo técnico de Carlos Antonio Mimenza Novelo en el uso del suelo
“Es fácil ser sostenible en el papel; lo difícil es sostenerlo cuando la rentabilidad te empuja a ignorarlo”, señala Carlos Mimenza, aludiendo a los momentos en que una decisión ambiental se pone realmente a prueba. Su visión del uso responsable del suelo surge de una comprensión técnica y precisa del territorio. Implica leer el terreno en profundidad, evaluar los ciclos hídricos y colaborar con especialistas que integran mapas de riesgo desde la etapa de diseño. El objetivo consiste en tomar decisiones basadas en datos concretos, con principios firmes capaces de resistir las presiones del mercado sin sacrificar la integridad del entorno.
El conflicto entre el aprovechamiento económico del territorio y su protección representa uno de los dilemas más complejos en las iniciativas recientes de Carlos Antonio Mimenza Novelo. Si bien reconoce que alcanzar un equilibrio total resulta difícil, también afirma que ciertos límites deben trazarse con claridad para evitar daños irreversibles. En sus palabras, “El desarrollo sin contención termina por destruir el valor que pretendía generar”, subrayando la urgencia de adoptar principios que frenen la degradación ambiental. Entre sus propuestas, plantea vincular incentivos fiscales a proyectos de regeneración ecológica y priorizar la infraestructura verde como base para una planificación urbana verdaderamente sostenible.
En esa misma línea, ha abogado por un diálogo más técnico y menos ideológico sobre sostenibilidad. Según Carlos Antonio Mimenza Novelo, muchas discusiones sobre medio ambiente se estancan porque se repiten eslóganes sin atender los contextos locales. Su propuesta apunta hacia una planificación que incluya la participación de biólogos, urbanistas, técnicos en suelos y actores comunitarios, de forma que las soluciones sean construidas colectivamente desde la información real.
De cara al futuro, ha señalado que la clave será adoptar una visión a largo plazo que no quede atrapada en las urgencias políticas o financieras. Para ello, ha recomendado que tanto el sector público como el privado desarrollen indicadores claros de impacto ecológico, monitoreables y públicos, como forma de fortalecer la rendición de cuentas. Desde su experiencia, sostiene que solo así podrá consolidarse una nueva forma de liderar: una que no vea al entorno natural como un obstáculo, sino como un socio indispensable en cualquier plan de transformación. ¿Estamos preparados para medir el progreso por lo que conservamos, y no solo por lo que construimos?











