Jesús Guerrero
Agencia Reforma

EL PERICON, Guerrero.-En diciembre de 2014, el Gobierno federal informó oficialmente a don Ezequiel Mora Chora que los fragmentos encontrados en el río Cocula correspondían a su hijo Alexander y que en dos semanas le entregarían los restos.
Pero a seis años de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa y a más de cinco años del anuncio, “don Cheque”, como lo conocen en el pueblo de El Pericón, sigue esperando los restos de ‘La Roca’, como le apodaban a su hijo.
“Solo me dijeron que era mi hijo porque lo habían identificado por una muela y un pedazo de hueso”, explica don Ezequiel.
“Pero ni siquiera me han entregado eso”.
El hallazgo de los restos fue confirmado por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), luego de los estudios que realizó la Universidad de Innsbruck, Austria.
“Yo no estoy conforme con lo que me dijeron el 5 de diciembre (del 2014) de que mi hijo está muerto”, dice.
Ezequiel compara su caso con el de don Margarito Guerrero, a quien en septiembre de 2015 autoridades de la entonces PGR le aseguraron que su hijo Jhosivani Guerrero de la Cruz era otro de los normalistas muertos.
Sin embargo, el EAAF rechazó la identificación de Jhosivani.
Menciona también lo que ha dicho don Clemente Rodríguez, quien tampoco ha aceptado que su hijo Christian, otro de los normalistas desaparecidos, esté muerto como se le notificó el pasado 5 de julio.
“Tenemos el derecho de no aceptar lo que te diga cualquier gobierno, en primera porque no nos han entregado los cadáveres o más pruebas”, refiere.
“Yo quiero vivo a mi hijo”, dice el hombre quien vio por última vez a Alexander el 15 del 2014 de septiembre.
En la casa de la familia Mora todavía está el altar que el 6 de diciembre del 2014 su familia levantó para recibir el cadáver de Alexander, a quien le rezaron durante una noche.
Don Ezequiel abriga la esperanza de que pueda abrazar a su hijo con vida y no en el recuerdo.