COLUMNA CORTELa humanidad ha contemplado, desde los albores de su capacidad caligráfica, su propia historia secreta. La ha visto directamente a los ojos y se ha abandonado a la fascinación que provee su línea “moebius” narrativa, que describe incontables gestas heroicas libradas en campos de batalla, donde las confrontaciones cuerpo a cuerpo eran asistidas por artes arcanas, criaturas inimaginables y espacios dominados por lo que ahora simplemente denominamos lo imposible. Una oscura época alternativa, donde los hombres eran aventureros natos, las mujeres guardianas de conocimientos milenarios y la naturaleza proveía una fuente mística de escenarios donde convivían en profano amasiato lo sublime y lo grotesco. Bienvenidos a las crónicas ocultas de la fantasía heroica, donde moran los relatos de la otra Tierra, aquella que no se agobia por crisis financieras o el calentamiento global, ya que su mayor preocupación son los molestos dragones, la fastidiosa intrusión en el cotidiano de hechiceros hambrientos de poder y, por supuesto, sobrevivir si no se es apto en el uso de algún arma con generoso filo.
Robert E. Howard fue el pionero en la exploración de este mundo improbable, pero deseable desde la Norteamérica de la década de los veinte, cuando liberó en diversas novelas y páginas de publicaciones “pulp” a su máxima creación: Conan; un bárbaro itinerante de la denominada Era Hibórea e hijo de la helada tierra de Cimmeria y quien viviera incontables aventuras, siendo la principal ser adaptado exitosamente al cine y dar pie a un subgénero cinematográfico denominado “espada y hechicería”, el cual erogaría en una moda que marcó especialmente a la década de los ochenta. La cinta, titulada simplemente “Conan el Bárbaro” (Milius, E.U.,1982), no sólo significó la consagración y encasillamiento del voluminoso e inescrutable fisicoconstructivista importado Arnold Schwarzenegger, sino además la validación ante el público adulto de una imaginería visual y construcción ideológica que previamente estaba relegada al imaginario pueril de la infancia: reyes, guerreros, princesas, magos y tierras lejanas, pero ahora deconstruidas a través de un lenguaje audiovisual donde imperaba la violencia, la subversión y una vedada lectura psicológica, donde las fantasías más oscuras se materializaban en imágenes salidas de las febriles mentes de Freud y Jung, ya que los protagonistas masculinos poseían la potencia de una megatestosterona que les permitía cumplir cabalmente en todo arte, tanto el de la guerra como el amatorio; así como féminas de cualidades bélicas con un coeficiente de erotismo alarmantemente alto y, por supuesto, derramamiento de sangre.
La idea de sujetos barbáricos, desprovistos de códigos morales específicos, que se enfrentan a constantes pruebas donde se mida fortaleza y voluntad, ya existía, por supuesto, desde la antigüedad, con las andanzas de Gilgamesh o el griego Ulises, pero ahora la épica se concentraba en individuos desprovistos de cualquier dejo divino, que salvajemente son orillados a cumplir una gesta por motivos personales, siendo esta generalmente la venganza. Conan (Schwarzenegger) es apatriado y orfandado por el sádico megalómano Thulsa Doom (James Earl Jones), rey y hechicero con fetiches ofídicos, que se volverá la misión del futuro bárbaro y razón de vivir, hasta que conoce a Valeria (Sandahl Bergman), su igual en habilidades y probable objeto amoroso. Como en las sagas clásicas, se une en la cruzada vengadora una suerte de escudero y un mago a manera de patiño. La generosa recaudación monetaria de la cinta justificó una marejada de proyectos similares, que pretendieron exprimir la anécdota relatada previamente hasta tornarla fórmula, incluso por las otras producciones que adaptaban los demás personajes de Robert E. Howard: “El Guerrero Rojo” (Fleischer, E.U., 1985), con un Schwarzenegger que le arrebató protagonismo al personaje principal de Sonia, la Roja, encarnada por la nefanda Brigitte Nielsen; “Kull, el Conquistador” (Nicollela, E.U., 1997), torpe película que pretendía rescatar de la ignominia al héroe atlántico de Howard, haciéndole un flaco favor colocando al patoso Kevin Sorbo de protagonista, y la más reciente “Solomon Kane” (Bassett, E.U., 2009), tal vez la adaptación más solvente del prolífico autor.
Títulos como “La espada y el hechicero” (Pyun, E.U., 1982), “El señor de las bestias” (Coscarelli, E.U., 1983), “Deathstalker” (Sbardellati, E.U., 1983), “El guerrero y la hechicera” (Broderick, E.U., 1984) o la misma “Conan, el Destructor” (Fleischer, E.U., 1985), simplemente trataron de emular lo que se perfilaba como un subgénero exitoso y de gran aceptación popular, pero descuidando aspectos esenciales, como caracterización detallada o trazo concreto de la narrativa, para dirigirse directamente al divertimento proletario. Sin embargo, fue tal el grado de penetración a nivel cultural, que la fantasía heroica involucraría incluso a otros países, teniendo como ejemplo a las cintas italianas “Conquista” (1983), dirigida por Lucio Fulci y protagonizada por el inefable Jorge Rivero; “Ator, el Invencible”, la cinta más legítima del exquisito pornógrafo Joe D’Amato, o “El Guerrero de Hierro”, de Alfonso Brescia; las cuales explotaron con mayor deleite gráfico los violentos y constantes encuentros de las imponentes espadas ante las frágiles fisonomías de sus monstruosos enemigos, así como las sugerentes formas femeninas de las rigurosas princesas / hechiceras / objetos amorosos que resaltaban gracias a los atuendos (¿?) confeccionados, por lo general, de pieles u hoja de lata. Sobresalen también las adaptaciones culturales que se vieron permeadas por el subgénero, como el perenne entretenimiento de rol conocido como “Calabozos y Dragones”, o entretenimiento juvenil a la “Thundarr, el Bárbaro” (Hannah-Barbera, E.U., 1983), o “He-Man y los amos del universo” (Rankin-Bass, E.U., 1983-85), dando vigencia y eternidad a una historia oculta, secreta, que pudo o no suceder, pero que quisiéramos fuera más auténtica que la real, donde podamos levantar la mirada, blandir una espada y rugir vigorosamente ¡Por Crom¡

correo: corte-yqueda@hotmail.com

Tumblr: johnny-dynamo.tumblr.com