Por J. Jesús López García

94. Jardin El LlanitoToda comunidad pone un especial interés a la educación de sus miembros más pequeños; se les ve lo mismo como su promesa más fuerte y su parte más vulnerable. La infancia es un concepto que apareció con la sociedad moderna, pues según la investigación sobre el tema llevada a cabo por Philippe Ariès y publicada en el libro Centuries of Childhood (1960), anteriormente al siglo XVII los niños eran tratados como adultos con cuerpos más pequeños. A lo anterior habría que añadir que la niñez es una etapa que requiere especial cuidado de la sociedad, ya que la natural falta de experiencia y conocimiento se debe subsanar con el cultivo del ocio rico en vivencias que producen de manera lúdica, más y mejores hábitos y competencias.

En las ciudades contemporáneas el automóvil, la velocidad y la separación más tajante de lo público y lo privado, han limitado de una forma importante el ámbito donde la infancia puede desarrollarse de modo paulatino hacia la integración a la sociedad. En el recorrido llevado a cabo desde la casa hasta la escuela, centro comercial, iglesia o el parque, todo es transitado frecuentemente con la mediación de un transporte negado a la convivencia con diversos entornos públicos, considerados solamente como elementos de transición; un limbo por el que se circula para unir un origen y un destino.

Los niños se desarrollan separados de la acción de <<vivir>> la ciudad experimentando la ciudad misma, conviviendo con otros habitantes, familiarizándose con todo aquello que está u ocurre en el traslado existente entre un sitio y otro; edificios, árboles y otros componentes reconocibles, pequeñas marcas en el pavimento, tal o cual vecino, actividad o fenómeno que van pautando el transcurso del tiempo en el imaginario y la memoria en formación de un niño.

La sujeción a horarios, la aceleración a la que la vida cotidiana contemporánea impone, poco a poco segrega del espacio público a los habitantes para actividades ajenas al simple recorrido; en tales circunstancias es benéfico acudir a jardines, plazoletas, plazas y parques para revelar la ciudad a la experiencia infantil, en el entendido que no sean destinos especiales sino lugares con los que uno se encuentra para ser vividos en su cotidianeidad. Un día a día a ser percibido de distintas formas, sin instrucciones de uso y sin restricciones tajantes. Sitios aquellos donde el tiempo pueda escapar a los horarios y se detenga merced a su disfrute y poder de evocación. Territorios para depositar en ellos la vivencia y el recuerdo de la infancia.

Sin embargo, llama la atención que pese al llamado constante del interés a los infantes, sólo se hable de los niños como futuros sujetos de un aparato productivo en que la educación funge como catalizador de las mejores potencias de los próximos ciudadanos. Aquí cabría preguntar ¿Qué hay de esos compañeros infaltables de la educación que son el juego y el contacto con la heterogeneidad de la población más allá del entorno familiar? Pareciera que ello pertenece a tiempos ya pasados, en donde la infancia fue la más hermosa de las etapas de nuestra vida.

Es común la repercusión directa en los entornos donde sin llegar a ser parques, no se les considera usualmente sitios donde pueda disponerse de las facilidades para ampliar la variedad de usos que la inquietud infantil propicia, por no hacer mención de la presencia de juegos infantiles que en muchas ocasiones brillan más por su ausencia, que por el metal despintado del que están usualmente hechos.

El jardín El Llanito, a escasas dos cuadras de la Avenida Adolfo López Mateos, es uno de esos sitios donde aprovechando la cercanía de una escuela y al cobijo de un entorno doméstico con calles locales, la convivencia <<ocurre>> bajo la sombra de algunos árboles, en el tránsito agradable de sus senderos, en el descanso proporcionado por las sombreadas bancas o en el uso de sus instalaciones dispuestas para la recreación de los más pequeños. Lugar abierto a todas las edades, sin horarios, sin cercas y sin manuales de uso, éste jardín sencillo posee lo suficiente para -en el acto de vivir la ciudad- detener aunque sea brevemente el paso del tiempo. Una pausa que se agradece en medio del ajetreo cotidiano y que sirve para poner en perspectiva la propia percepción del diario transcurrir.

El ejemplo sencillo del jardín El Llanito sirve para ilustrar una manera discreta para propiciar en la ciudad espacios dignos de la experiencia infantil, al abrigo de un ambiente protegido por un contexto doméstico; un lugar abierto al juego y al contacto con la comunidad. Indudablemente los habitantes del barrio El Llanito, se enorgullecen por contar con un dominio de tales características, ¡¡¡Felicidades!!!

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