Por J. Jesús López García

Cuando Andrea Palladio (1508-1580) construyó la famosa Villa Capra o Villa Rotonda, tenía en mente al Panteón Romano, sólo disminuyendo la proporción de la cúpula y añadiendo cuatro peristilos soportando su correspondiente frontón y sobreponiendo su composición a un elegante podio escalonado. Las referencias de Palladio a la gran arquitectura grecolatina de la Antigüedad, la correspondiente a Roma, fueron múltiples y bien reflexionadas. Lo anterior era natural durante el Renacimiento en que los viejos cánones fueron vueltos a traer a la vida bajo la perspectiva de que era la manera de ligar el pasado con el presente, y éste con el futuro.

Pero al margen de las influencias de la “gran arquitectura” presentes en múltiples obras a través de años, a quienes gustan ver, observar y vivir al lado de la arquitectura, son muchos los edificios que por medio de sus formas o de su disposición espacial traen el recuerdo de otros inmuebles que pueden ser modelos famosos o antiguos.

Las relaciones entre las fincas sean viejas o nuevas, pueden darse por filiación estilística, por compartir un periodo histórico, una paleta de materiales o por corresponder a una manera de construir más o menos consolidada en algún sitio. Hay relaciones obvias ahí donde lo construido corresponde a una tradición, aunque la construcción se realice muy lejos del “epicentro” constructivo, como por ejemplo las callejuelas y callejones de la ciudad de Guanajuato que se parecen a muchos otros de ciudades españolas. Otro vínculo se presenta por compartir sistemas constructivos bien definidos; los espacios de la planta baja del edificio sede del Sindicato Ferrocarrilero, ubicado en la avenida Madero de Aguascalientes, parecen similares al gran salón del Palacio de Iéna del arquitecto francés Auguste Perret (1874-1954), de gran influencia en la manera de concebir las plantas libres que fueron parte de uno de los postulados de la arquitectura moderna.

A la salida a México enfrente del Parque Héroes Mexicanos, se encuentra un conjunto de edificios que albergan las instalaciones del INEGI, así como a la Escuela de negocios de la Universidad Cuauhtémoc, en donde al observarlos relacionados en sus formas y materiales, dispuestos de una manera no ortogonal entre ellos, elevados ligera pero patentemente respecto al nivel de la banqueta, de alguna manera recuerdan la organización del témenos de la Acrópolis de Atenas, donde el Partenón con su forma contundente y muy reconocible domina a los edificios aledaños, algunos de planta irregular. Son imágenes que aunque vagas, son útiles a quienes gustan de apreciar a la arquitectura, como referencias para “visualizar” a otros edificios.

Y es que la arquitectura es una disciplina referencial, incluso aquella que busca ser totalmente original pues, retomando los comentarios del arquitecto finlandés Juhani Pallasmaa (1936- ), toda disciplina humana tiene una referencia al pasado innegablemente, y ello es más patente en la arquitectura, pues además de acompañar a la cotidianidad humana, también ha acompañado a los momentos más sobresalientes y en ocasiones a los más traumáticos de nuestra especie. Por lo mismo, los edificios guardan incluso de manera involuntaria, una influencia enorme con los modelos que el tiempo ha ido fijando en la memoria del mundo, por lo que hasta la más simple casa es cifra de saberes, y de sentimientos inmemoriales.

En cada forma, en cada material, hay referencias no solamente de otros edificios, sino también a experiencias casi innumerables, pues los inmuebles no sólo hablan de arquitectura, también lo hacen sobre costumbres, sobre gestos y sobre el simple hecho de delimitar un espacio para ser reverenciado o para ser utilizado.