Por J. Jesús López García

En los libros de historia de la arquitectura están presentes aquellos edificios que han logrado establecerse como un ejemplo o como modelos sobresalientes en todos los tiempos. Aún aquellos que no logran figurar en las grandes antologías de los estilos reconocemos, sin lugar a dudas, su importancia local, como casos que les conectan con un universo ilustre de obras más sobresalientes.

Como ejemplo de lo anterior, Elisa Vargaslugo Rangel (1923-2020), comenta en “Las portadas religiosas de México” que en Aguascalientes las portadas de los templos de Guadalupe y del Señor del Encino, son sin duda las mejores con mucho; da cuenta de las portadas del Rosario, San Marcos y la Catedral pero las trata someramente, pues basta nombrarlas solamente, en tanto que las dos más logradas acceden a una mayor atención en su descripción. La Catedral, San Marcos y del Rosario son referidas por respeto a su jerarquía en el contexto aguascalentense, en tanto que El Encino y Guadalupe, lo son además por la alta calidad artística de sus portadas de estilo barroco en su variante “churrigueresca” o estípite de filiación hacia el barroco realizado en el Bajío guanajuatense.

En su Diccionario de las Artes, Félix de Azúa (1944) describe a la arquitectura como arte y como profesión técnica; en la primera descripción se refiere a la disciplina que produce edificios representativos, acordes con el registro histórico de los tiempos, sujetos a los designios del poder; en la segunda descripción se refiere a la disciplina que produce inmuebles para una función utilitaria. Usualmente las historias de la arquitectura se ciñen al estudio de los edificios de la primera descripción, para lo demás están las revistas que van llevando una crónica de lo que se está haciendo para fines mercadológicos o los catálogos de empresas inmobiliarias; publicaciones especializadas más críticas que las últimas abarcan todo el espectro de la arquitectura como productora de arte o de objetos para la funcionalidad cotidiana, pero usualmente atienden a un público formado por arquitectos o de personas interesadas por la arquitectura contemporánea.

Sin embargo, hay esa otra arquitectura que no se enmarca precisamente dentro de las fronteras del arte, si bien atiende a ciertos cánones del mismo, y tampoco podríamos decir que corresponde a los fines de una utilidad al menos actualizada. Los edificios de esa otra arquitectura abundan, y a pesar de ello nos parecen invisibles pues rara vez prestamos atención a su presencia. Son como espectros de tiempos pasados cuya imagen a punto de colapsar se mantiene por alguna extraña razón o por algún capricho de la gravedad.

En la ciudad de Aguascalientes existen múltiples fincas de esa otra arquitectura, como aquella que se ubica en la calle Rayón No. 118, casi frente a la salida del estacionamiento de Plaza Patria. Su lamentable deterioro muestra su estructura constructiva de adobe, pues el aplanado ya no cumple su función de protección de éste material, aunque también se aprecian recalces posteriores con matacán y ladrillo. Probablemente intervenida varias veces a lo largo del siglo pasado su disposición y forma aún aluden a la arquitectura tradicional de nuestra ciudad tan sólo dándose una pequeña licencia con su remate mixtilíneo, que a juzgar por su plástica y elementos compositivos, se advierte que se integraron posteriormente junto con aquellos que limitan visualmente la finca, con un afán de modernidad. Percibimos claramente que fue seccionada en dos, por ello lo inconcluso del pretil. Lleva vacía mucho tiempo y su demolición es inminente pues no pasará mucho tiempo antes de convertirse en un peligro para las transeúntes. En su lugar surgirá otro edificio que con algo de suerte podrá existir más tiempo que éste actual y en un futuro tal vez se convierta en parte del acervo de esa otra arquitectura que solamente es testimonio de su tiempo.

¡Participa con tu opinión!