Salvador Rodríguez López

La entrada en vigor del nuevo tratado de comercio entre Canadá, Estados Unidos y México ratifica los acuerdos que signaron los tres países en 1993 y puestos en marcha el uno de enero del siguiente año, con el TLCAN o TLC, hoy T-MEC, cuyos resultados han sido muy favorables para canadienses y estadounidenses, porque los mexicanos están igual o peor que entonces, con más de la mitad de su población en pobreza y una tasa de desempleo muy alta, además de una persecución feroz en contra de los migrantes que laboran en el vecino país.

Es una nueva oportunidad de hacer que la balanza esté equilibrada, que las mismas expectativas de inversión y trabajo sea en toda la región y no que México siga siendo el patio trasero donde la maquila es lo más importante que generan los capitalistas de las otras dos naciones.

Ojalá que se pase de las declaraciones a los hechos, que las palabras del embajador de EU en México, Christopher Landau, se apliquen en la vida diaria: “No hay otra alternativa que llevarnos bien como países, por lo que se debe profundizar en las relaciones entre las dos naciones a fin de cooperar, porque creo que ninguno de nuestros países puede resolver solo los problemas que tenemos”.

La cuestión radica en que la amistad es sólo de aquí para allá, porque lo que viene hacia acá son intereses y si algo no les parece simplemente amenazan con imponer aranceles para hacer que el gobierno mexicano acceda a cumplir sus deseos, como fue convertir a México en estancia de indocumentados centroamericanos y de otras latitudes del planeta, a los que detiene la policía migratoria de EU, lo que ha creado un problema durísimo para las entidades fronterizas que reciben a miles de personas quienes demandan atención y apoyo para sobrevivir.

México no estaba preparado para regresar a las actividades productivas tras el parón que obligó la emergencia sanitaria, pero en EU reanudaron y exigieron que los mexicanos también lo hicieran o tendrían que prescindir de ellos, ya que necesitaban que como proveedores abastecieran sus fábricas. En plena pandemia se determinó hacerlo, lo que ha provocado que los dos países eleven el número de infectados y crezca el de muertos, ya que el coronavirus es sumamente contagioso.

Un tratado o acuerdo comercial siempre será benéfico si las reglas del juego son iguales para todos, no que exista ventaja para uno de ellos, que en este caso sigue la imposición de reglas que si no se acatan se recurre a denunciar por dumping a diversos giros comerciales, principalmente el atún y el aguacate, con lo que logran los fines que se proponen. Hoy está la amenaza de que serán vigilantes para que las fábricas en México se apeguen a lo que dictan el T-MEC en materia laboral, lo mismo que los sindicatos, sin que dicha supervisión sea recíproca.

El representante diplomático de EU en la conferencia virtual que ofreció el pasado 26 de junio a estudiantes y profesores de la Universidad Tecnológica de El Retoño, subrayó que los estadounidenses “queremos el comercio libre, pero tiene que ser un comercio justo, que no se quite puestos de trabajo si se unen, invierten y hacen negocios. Así que creo que las cosas van bien en términos de agenda”.

Como es tradición en la diplomacia, Landau señaló que para el gobierno de su país la relación internacional más importante que tienen es con México al compartir la misma frontera, sus economías y su gente, lo que se refleja en 35 millones de estadounidenses de descendencia mexicana, que representa un cambio demográfico muy importante para su país y refleja la nueva realidad.

El problema reside en que México es la pelota de ping pong del presidente Donald Trump, que en la campaña de elección que tuvo lugar en 2016 ofendió a los mexicanos tildándolos de flojos, depravados y de ser responsables que los estadounidenses sean viciosos al introducir y vender en su país toda clase de drogas, y ahora que va por la reelección asegura que México es culpable del crecimiento del coronavirus que sufren, lo que indica que por mucho que se esfuercen los representantes de EU en el exterior, de señalar que México es su mejor “amigou”, no lo ha sido ni lo será, porque ellos tienen propensiones ilimitadas y muy arraigado el nacionalismo.

GAYOLA  CIUDADANA

La Real Academia Española (RAE) señala que la democracia, como tal, es una forma de gobierno en la que el poder político es ejercido por los ciudadanos y es también una doctrina política, según la cual la soberanía reside en el pueblo, que ejerce el poder directamente o por medio de representantes.

En México se practica la democracia representativa, que según la RAE “se ejerce a través de representantes surgidos de elecciones libres y periódicas”, por lo tanto, quienes asumen ese rol deben seguir los lineamientos que marquen los ciudadanos, esto es, no son autónomos, independientes ni soberanos, sino que deben regir sus actos conforme a los acuerdos y directrices que marquen sus amos, que en este caso son los electores.

Lo descrito tiene como fin recordarle al diputado local Enrique García López cual es el papel que juega, que no se le olvide que el lugar que ocupa en el Congreso es gracias a los ciudadanos, por lo que por encima de sus intereses personales, partidistas o de grupo están los aguascalentenses.

A raíz de la polémica elección que hicieron del Auditor Superior del Estado dijo que conoció de las críticas e inquietudes que hubo, pero dejó en claro que “no todos los temas del Congreso del Estado tienen que ser abiertos a la ciudadanía, como es el caso”. Aceptó que “a la población le interesa el manejo y destino de los recursos”, no obstante “es más de interés de los diputados, porque nosotros somos quienes avalamos en primera instancia en Comisión las cuentas, y el pleno revisa y avala las cuentas públicas”.

Además, pensar que el nombramiento del nuevo Auditor fuera un tema ciudadano, “donde muchos podrían participar y querer la información, no es así, se trató de transparentar lo más que se pudo, en condiciones de pandemia, que también es algo importante de decir, pero el procedimiento era más de interés de los diputados que (de los ) ciudadanos”.

Allá, en los tiempos en que doña Leonor iba a uno de los cinematógrafos que había en Aguascalientes, tenía que soportar a los que estaban en el segundo piso, que ocupaban unas gradas de madera y era el lugar preferido de aquellos que les gustaba lanzar al viento toda clase de picardías. Se le conocía como “gayola”, palabra que proviene de Andalucía, España, y significa “especie de choza sobre palos o árboles, para los guardias de las viñas”.

En sentido figurado el diputado García López considera que los ciudadanos son unos “gayoleros”, por lo que ellos, como diputados, son los únicos capacitados para determinar lo conducente en el Congreso y basta con posteriormente dar a conocer los acuerdos para que el pueblo los acepte, pese que no sean de su agrado.

En un asunto que atrajo el interés general por lo que mínimo los legisladores debieron convocar a la sociedad para consensuar el dictamen, empero actuaron al más rancio estilo de la política mexicana a sabiendas que “palo dado ni Dios lo quita”, lo que una vez más demuestra que son inabordables para los mortales.

SORDERA OSTENSIBLE

Con estricto apego a lo puntualizado en el apartado anterior, los promotores del reclamo nacional para que se elimine los controvertibles renglones de la nueva Ley del Instituto de Educación deben esperar sentados, porque los diputados y las diputadas no están dispuestos a ceder. El colectivo nacional Artículo Tercero pidió a los legisladores que desechen el Pin Educativo, como se conoce al derecho preferencial de los padres en las materias que se imparte a sus hijos, que se sujeten a lo que ordena la Constitución General de la República y al derecho internacional de los derechos humanos. Lo único que podría lograr un cambio es que lo disponga la Suprema Corte de Justicia de la Nación, porque de mutuo propio difícilmente lo harán, aunque hay una corriente en el Congreso del Estado que pugna por eso.