Silvia Guerra

Tanto en el ambiente laboral, como en la cotidianidad, es importante darnos cuenta de cómo podemos ser manipulados para perder la compostura y perder la jugada en esta acción.

Hace unos días estuve en una junta de trabajo de una asociación, en donde uno de los representantes de la mesa directiva (Sr. X) propuso a una persona como director de un proyecto. Para darles algo de historia, existe cierta animadversión entre este representante (Sr. X) y un segundo miembro de la mesa directiva (Sr. A). El Sr. A toma la palabra y comenta que no está de acuerdo con la persona que propone el Sr. X, ya que considera que sería incapaz de llevar a cabo el proyecto por su desconocimiento total del tema y por su extrema facha “corriente” (punto importante para este proyecto).

Acto seguido, el Sr. X se sale de sus casillas y arremete en tono elevado contra el Sr. A. Le pregunta que si conoce la trayectoria de esta persona, reta al Sr. A a decirle cuándo y dónde ha tenido contacto con ella para emitir semejantes juicios. El Sr. A, tranquilamente se dirige al Sr. X y le informa en qué ocasiones ha podido corroborar lo que dice y le reitera que opina que podrá ser un individuo muy capaz para ciertos temas, pero que para este proyecto es el prospecto inadecuado. Ya totalmente fuera de sí, el Sr. X contesta a gritos que se debe tener más cuidado al expresar juicios de una persona, que las formas deben ser tomadas en cuenta en todo momento, etc.

Efectivamente el Sr. X tiene razón, las formas y juicios deben ser meticulosamente cuidados. Lo que él no se dio cuenta, es que aprovechando la animadversión existente entre ellos y el obvio conocimiento que tiene de sus debilidades, el Sr. A lo manipuló inteligentemente para sacarlo de sus casillas y que quedara mal ante los ojos de los demás presentes, por su manera de contestar y su poco autocontrol.

Una persona que es parte del ojo público (todos lo somos), es vulnerable a recibir ataques con el afán de ser ridiculizada, minimizada o neutralizada. Es importante saber responder a estos ataques, mantener la cabeza fría y enfocada en lo importante, para no engancharse en un problema. ¿Recuerdas que en otra cápsula mencioné lo del manejo de crisis? Pues esto es un ejemplo sencillo de lo que es una crisis mal manejada.

Para asegurarte que tu imagen salga impoluta ante una agresión o un intento de manipulación, debes considerar las posibles eventualidades para estar siempre preparado. Hay que contener, controlar y resolver. Cuida las formas, pueden afectar el resultado.

El Poder de tu Imagen.

silvia@consultoriadeimagen.com.mx

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