Jorge Ricardo
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-“Es hombre de fe, y yo creo que sabe que hay alguien más poderoso que lo cuida a él, que es nuestro Padre Dios”, dijo la indígena mazateca Teresa de Jesús Ríos.
Como jefa del Centro Coordinador Indigenista de Huautla de Jiménez, Oaxaca, dirigió la “ceremonia de purificación” del Presidente López Obrador en la inauguración en Palacio Nacional de la ofrenda en honor a los más de 90 mil mexicanos fallecidos por Covid-19.
“Es un hombre de fe, yo creo que por eso no usa cubrebocas”, insistió.
Con rebozo y huipil con cubrebocas, con sahumerio y hierbas, Teresa de Jesús envolvió primero en humo de copal a Beatriz Gutiérrez Müller y la limpió. Luego a López Obrador. De pie en el patio principal del Palacio donde vive, el tabasqueño se dejó limpiar con el ramo verde tatemado. Los brazos caídos a los costados, los ojos entrecerrados por el sol de mediodía, sin cubrebocas.
“A partir de hoy se inician tres días de luto nacional dedicados a recordar a todos nuestros difuntos y, en especial, a quienes han perdido la vida a causa de la pandemia del Covid-19”, dijo López Obrador al iniciar la ceremonia.
Había cempasúchil en el patio principal del Palacio, terciopelos rojos, pan de muerto y papel china. Una banda de viento en el primer piso tocaba “Dios nunca muere”.
Los 20 altares indígenas montados en Palacio estaban listos para el recorrido de la pareja presidencial. Los representantes indígenas se sentían escuchados. Por fin un Presidente se acuerda de ellos, iban a decirle en transmisión nacional que allá, en Tabasco, en Nacajuca, no ha llegado la ayuda.
Era la presencia del soberano ante su público. López Obrador inició su recorrido con una vela encendida en la mano. Su esposa iba recogiendo lo que le regalaban, un crucifijo, una sonaja, una cobija, un sarape con la firma de Benito Juárez.
Los indígenas hablaban del frijol con plátano, moles de iguana, salsa de panal y chicatanas, totopos de maíz, guisado de armadillo, memelas de frijol, pulque de Milpa Alta, y daban la queja o el agradecimiento.
“El pueblo amuzgo está muy contento, porque ya vimos que está cumpliendo su palabra; en el PEF 2021 hay 100 millones para la nación amuzga, eso ningún Presidente lo hubiera hecho”, le dijo el Alcalde de Xochistlahuaca, Guerrero, Daniel Sánchez Néstor.
Juan Encinos, de Oxchuc, Chiapas, le regaló una sonaja. Le habló del desprecio con que otros Presidentes trataban a los indígenas. “Tal vez porque no sabemos hablar o tal vez porque tenemos un olor feo”, dijo y luego le pidió una audiencia para pedirle apoyos.
La ofrenda se quedará tres días. No está abierta al público, pero están planeadas ceremonias el domingo y el lunes. Las referencias a los más de 90 mil muertos por Covid apenas estaban en algunos sitios.
La foto de César Núñez, fundador del partido Comunista Mexicano en Guerrero y de Morena, fallecido hace una semana por el virus, junto a la de Antonio Barrera Hilario, cuyas cenizas fueron repatriados de Estados Unidos.
“También ponemos un sirio para la luz de las personas que ya no están, por ejemplo, este año que murieron muchas personas a causa del Covid, ponemos un sirio para ellos para encontrar la luz”, dijo el representante de Pahuatlán, Puebla.
Al final, cuando ya se iba el Presidente, se encontró con su paisano Longino de la Cruz, en la ofrenda de Nacajuca, Tabasco.
“Ahí le pedí a Javier May (Secretario de Bienestar) que fuera allá, a Nacajuca por lo de las inundaciones, que atendiera allá. ¿Sí están atendiendo allá, les dieron un apoyo?”, le pregunto AMLO al indígena. “Hasta el momento no ha llegado”, le respondió. “¿No ha llegado? Yo le voy a decir a Javier May”.
“Ojalá que sí le recuerde”, diría después Longino, promotor cultural, nervioso todavía de su suerte. “Lo que es, ¿no? Lo que es.