En la conmemoración del Día del Padre, el médico Rubén Galaviz Tristán reflexiona sobre el reto de equilibrar su exigente carrera en medicina con la paternidad. “Una de las actividades profesionales que más complica la cercanía con tus hijos es la medicina”, admite. A lo largo de su trayectoria, ha priorizado momentos de calidad con sus hijos, especialmente en las comidas.
Galaviz expresa satisfacción con la relación que ha forjado con sus dos hijos de 39 y 37 años, y sus tres nietos, valorando su independencia y éxito como empresarios. “Si yo muriera ahora, lo más satisfactorio sería saber que mis hijos no me necesitan. Tienen autonomía, capacidad de resolver problemas y son felices”, revela.
El camino hacia la paternidad no ha sido fácil. “Nadie te enseña a ser papá, es un ensayo de error permanente”, confiesa. Ha aprovechado el tiempo con sus hijos para compartir enseñanzas a través de ejemplos y relatos históricos, su pasión. “Me encanta la historia y siempre la comparto con mis hijos. Creo que quien conoce bien la historia no está condenado a repetirla”, afirma.
Al describir su estilo de crianza, Galaviz se considera un “papá tradicional pero flexible”, integrando valores clásicos con una adaptabilidad a las dinámicas actuales.
Su experiencia demuestra cómo es posible balancear una profesión demandante con ser padre, resaltando la importancia de cultivar momentos significativos y fomentar la autonomía en los hijos.