transiciónSh-Economy… curioso nombrecito… ¿Sabe usted qué significa? A causa de la migración, el incremento al acceso a la educación y las tecnologías, cerca de un billón de mujeres para el 2020 serán uno de los principales motores de la economía, de ahí que ese nombre se le atribuye a la economía impulsada por las mujeres (del inglés she= ella, economy=economía).

Y para ser honestos, fuera de dramas y posturas extremas: ya era hora. Hace poco tuve un profesor de maestría que con insistencia decía que el desarrollo mundial no se podía medir si no se hacía constante hincapié en el tema de la equidad de género, porque eso venía antes de ver hacia las deficiencias sociales… es más, podría decirse que el daño que culturalmente se le ha hecho a la mujer es la raíz de tantos males a la par.

Vale mucho la pena tener esto en cuenta, por varias razones, primero, que estamos viviendo una realidad muy fría en la que la condición tan sólo de ser mujer sigue siendo un factor de vulnerabilidad a la misma vida, allá en Medio Oriente es algo que da pavor, por ejemplo: las más de 200 niñas secuestradas ahora en Nigeria y que siguen sin regresar a sus hogares, o las niñas que menores de 12 años son forzadas a casarse con señores de más de 50 años.

Las encuestas siguen mostrando esa inequidad y, en la que muchas de las veces la desigualdad muestra su feroz cuchillo… ¿usted sabía que acá en México, del total de mujeres de 15 años y más, el 71.6% ha tenido al menos un hijo vivo? Y eso, muchas veces no viene por decisión propia, sino por pobreza, falta de oportunidades, analfabetismo, desinformación, violencia y muchos rasgos con los que haríamos una tremenda lista.

La misma protección a la maternidad tiene muchas deficiencias y por el contrario, prolifera la discriminación a esta condición. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha mostrado que alrededor de 830 millones de trabajadoras a nivel mundial, no tiene protección adecuada a la maternidad.

¿Qué pasa con las mujeres indígenas? La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) señala que la mayor cantidad de mujeres indígenas se encuentra en México, y éstas tienen una gran capacidad de generar bienestar y desarrollo sostenible a sus pueblos, pero sufren constantes discriminaciones de carácter económico, étnico, de clase y de género, por lo que, proteger sus derechos es algo fundamental.

Pero las cosas si bien en muchos aspectos siguen muy turbias, en otros están habiendo claroscuros, por ejemplo, del 2012 a la fecha, el desempleo femenino en América Latina es dos puntos porcentuales más alto, aunque, si lo vemos en una escala de equidad, las mujeres siguen estando muy por debajo de las contrataciones por la sola condición de género.

No es de extrañarse que por ello, la agenda de organismos internacionales constantemente presione en el tema. CEPAL y la SEGIB son un ejemplo de ello, pero también porque las mujeres que lo presiden están haciendo hincapié en ello, y eso da mucho gusto: el protagonismo político que está empezando a proliferar, sobre todo en América: 5 mujeres presidentas en Argentina, Chile, Jamaica, Brasil y Trinidad y Tobago… se dice que para el 2025 las mujeres ocuparán el 35% de los escaños públicos.

Uno pensaría que con el desarrollo que se ha tenido tras los años en la historia de la humanidad, la mujer no tendría ahora tantas condicionantes-condicionadas (valga la redundancia) pero, existen aún hechos surrealistas que siguen socavando a la mujer y que son francamente indignantes, en donde sólo queda al pensamiento cosas como ¿de verdad esto sigue pasando?

Sin embargo, esas mismas condicionantes son las que están propiciando una nueva ola de cambio después de tantos años de perjuicios, y ésa es la que ahora se muestra en las aulas, donde ya existen mayoría de mujeres estudiantes y mejor preparadas, la que hace que exista la nueva cultura de las “mujeres maravilla” aquellas que se desempeñan en los roles del hogar y trabajo de una forma espectacular, las que emprenden más por necesidad que por realización personal como las mujeres bolivarianas que ahora son el 35.6% de la población ocupada, y lo logran con éxito, las que están haciendo que el marketing, las leyes, las compañías, los deportes, el sector salud o la tecnología hagan grandes cambios en sus esquemas tradicionalistas que minimizaban al género, lo curioso es, que todo esto es sólo para alcanzar la equidad, y este último hecho sorprende porque ¿cómo es posible que no siga habiendo equidad en pleno siglo XXI? Hacerse tan sólo esta última pregunta es indignante, decepcionante, inconcebible pero también es la chispa de la concientización para el esperanzador cambio que ya está pasando.

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