Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Un Ingenioso misterio a la antigüita.

No cabe duda de que el director Rian Johnson es una anomalía en el cine norteamericano de hoy en día, pues cada proyecto que realiza logra estructurarlo con base en sus necesidades creativas y no a las de la máquina hollywoodense que exige producto y no cine, como ya constatamos en ese intrincado film noir preparatoriano llamado “Brick” (2005), su relato de ciencia ficción con ribetes existencialistas que fue “Looper: Asesino del Futuro” (2012) y “La Guerra de las Galaxias, Episodio VIII: El Último Jedi”, tal vez la mejor cinta de la saga después de “El Imperio Contraataca” por su dedicado uso de la narrativa cinematográfica al servicio de la originalidad y la exploración de aquellos rincones en desuso por George Lucas en su galaxia muy, muy lejana. Ahora con su más reciente filme, Johnson demuestra que puede acatar las normas del cine más accesible, pero sin desprenderlo de una vena argumental fina, ágil e inteligente.

“Entre Navajas y Secretos” es una película que emplea la estructura básica de los relatos de misterio propulsados por Sir Arthur Conan Doyle cuando manifestó a su imbatible detective Sherlock Holmes en pleno romanticismo literario y también de las agudas y sardónicas composiciones narrativas focalizadas en crímenes imposibles de Agatha Christie pero utilizando un sentido propio del discurso de parte del director, siendo el resultado una de las películas más entretenidas de este año, beneficiada no solo por un guion de primera, sino además por un reparto multigeneracional de antología que parece estar pasando un gran momento y eso, pues logra contagiarse a la audiencia.

Es así que tenemos a Christopher Plummer como Harlan Thrombey, un afamado escritor de novelas de suspenso que a lo largo de su carrera ha logrado amasar una fortuna debido al éxito de sus libros y crear su propia editorial (llamada muy apropiadamente “Sangre y Vino”). A su vez, es la cabeza de una familia por demás disfuncional que secretamente ambiciona dichos bienes. Por supuesto y en la mejor tradición de una historia como ésta, Harlan aparece una noche degollado. Aun cuando todo apunta a un suicidio, las sospechas no se hacen esperar: ¿Sería Linda (Jamie Lee Curtis), la hija mayor del finado siempre fría y calculadora atenta a los consejos de su hablantín y poco refinado esposo republicano Richard Drysdale (Don Johnson luciendo como pocas veces en su sosa carrera)? ¿O acaso su hermano Walt (un estupendo Michael Shannon), quien jamás logró algo por sí mismo y quien fuera despedido como coordinador de la editorial poco antes de morir su padre? Tampoco podemos descartar a la nuera complaciente y truculenta, Joni (Toni Collette) o a la oveja negra de la familia, Ransom Drysdale (Chris Evans), quien simplemente no congenia con sus familiares. La clave parece estar en Marta Cabrera (una reveladora Ana de Armas), la enfermera de ascendencia latina –todos los personajes especulan sobre su procedencia y ella jamás los corrige, por lo que su gentilicio es un enigma– entregada en cuerpo y alma al cuidado de Harlan hasta su fallecimiento, ya que se ve involucrada de forma que no quisiera revelar, aun si ello ocurre en las primeras secuencias del filme, para no arrebatarle el gozo al espectador, pues todo sucede de forma ingeniosa y casi sensible.

Por supuesto, todas las piezas del rompecabezas lograrán armarse gracias a la obligada presencia de un detective, en este caso el sagaz y muy sureño Benoit Blanc (Daniel Craig haciéndonos olvidar que es Bond en un papel que se ve fue una delicia interpretar), lúdico pero a la vez escrupuloso hombre de ley que no cejará en su empeño por develar el misterio detrás de la muerte de Harlan. Todo desembocará en un clímax donde la vuelta de tuerca funciona de maravilla y zozobra las especulaciones que el espectador tuviera sobre el proceso.

La cinta jamás sobreestima o subestima la capacidad intelectual del espectador, por lo que el tejido argumental pudiera lucir complejo o rebuscado en un inicio –todas estas tramas son así al principio– pero gracias al excelente diseño de los personajes, los cuales lucen y hablan como personas, y una dirección maciza que no afloja jamás el ritmo gracias al fino empleo del suspenso cuyo contrapunto es el macabro sentido del humor característico, esta cinta jamás aburre o decepciona. La fervorosa coralidad histriónica permite que los arquetipos a interpretar sean creíbles e incluso fascinantes, alejándose de los modelos preestablecidos por filmes o textos similares como “Asesinato en el Expreso de Oriente” o “Trama Macabra” de Hitchcock. Todo transpira con naturalidad creándose una telaraña rica y llena de matices. “Entre Navajas y Secretos” rescata el moribundo arte de narrar misterios de esta índole en cine con formidable coherencia y por ello es tal vez la cinta más recomendable de esta semana.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com

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