Por Dra. Ednna Milvia Segovia Miranda

Después de terminar mi jornada laboral limito el consumo de información violenta, lo he venido haciendo desde el primer momento en que tuve contacto con la práctica médico forense, cuidar la salud mental en trabajos de alto riesgo como es el ámbito forense, resulta imperante. Sin embargo, la tragedia mexicana es tan grande que resulta imposible no verla. En nuestro país ya casi nadie piensa que esta ola de desapariciones termine, la impotencia y el temor son emociones que compartimos particularmente las mujeres, pues cada día desaparecen 7 mujeres y 11 son asesinadas.

El trauma es considerado una experiencia que pone a prueba la integridad de las personas, es un acontecimiento para el cual no estamos preparados, porque no se encuentra entre las experiencias vitales habituales. El malestar sufrido por profesionales involucrados en el manejo de situaciones altamente estresantes, puede identificarse como Fatiga por Compasión y Agotamiento Profesional; la exposición repetida, auditiva o visual, al relato de eventos traumáticos sufridos por otros individuos que puede llegar a generar pensamientos de que nos pueda ocurrir lo mismo se conoce como Trauma Vicario. De ahí la idea de que muchas personas tienden a revestirse de una coraza para soportar el dolor, la tragedia y la muerte, no obstante, esta actitud protectora tiende a desaparecer y dar paso a síntomas de agotamiento físico y psíquico. Negar nuestra realidad o caer en la indiferencia de lo que atestiguamos cada día parecen ser puertas de escape.

Ante esta terrible espiral de violencia, la serie de barreras para el acceso a la justicia y la ausencia del reconocimiento de nuestros derechos como ciudadanos, han surgido documentales inspirados en hechos reales que visibilizan la impunidad que rodea a los feminicidios como “Absolución condenatoria: el caso de Marisela Escobedo”, quien luchó incansablemente por alcanzar la justicia y evitar que el feminicidio de su hija Rubí quedara olvidado en la impunidad; películas que destacan los vacíos legales que poco cambiaron desde que se estrenó “Presunto Culpable”, pues con “Duda Razonable” se continúan revelando inconsistencias judiciales y tortura; cortometrajes que resaltan la discriminación de grupos vulnerables como “Goris” Rosa Julia, originaria de la sierra de Guerrero, quien estuvo encarcelada injustamente por tráfico de drogas durante doce años; largometrajes palpitantes como “La civil”, que representan la pesadilla del secuestro y la desesperación de una madre con la indiferencia de las autoridades a su alrededor, la ausencia del Estado.

No pretendo hacerles recomendaciones de cine para este sábado (aunque de algún modo sirven como pantalla de desahogo y de hambre de justicia), ni tampoco pretendo despertar conciencias, más que la mía, que a veces se me entumece frente a las heridas profundas y sangrantes, heridas abiertas, la de las desapariciones y los asesinatos en mi país, que superan la realidad hasta ahora conocida.

Hablar de Justicia en México es un tema polémico y más complejo de lo que debería. Atravesamos sin duda una crisis humanitaria, que cuestiona la posibilidad de pervivir en paz y/o morir en condiciones de dignidad, enterrados en algún paraje en el total olvido. Bien cabe recordar la profunda idea del escritor Miguel de Unamuno, quien afirmaba que somos esencialmente “animales guarda-muertos”. ¿En qué momento nos convertimos en esto?

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