Luis Muñoz Fernández.

Tener la información, la capacidad y los medios para decidir si quedarse embarazada, cuándo y con qué frecuencia es un derecho humano universal. Así lo acordaron 179 Gobiernos con motivo de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo en 1994.Un derecho universal se aplica a todo el mundo en todas partes, independientemente de sus ingresos, origen étnico, lugar de residencia o cualquier otra característica. Pero la realidad es que, hoy por hoy, ese derecho está lejos de disfrutarse universalmente en el mundo en desarrollo, ya que hay cientos de millones de mujeres a quienes les sigue resultando difícil obtener información, servicios y suministros para evitar un embarazo o dar a luz de manera segura. La capacidad de una mujer para ejercer sus derechos reproductivos depende en parte de si vive en una ciudad o en una zona rural, de su nivel de estudios y de su situación de riqueza o pobreza.

Fondo de Población de las Naciones Unidas. Mundos aparte: la salud y los derechos reproductivos en tiempos de desigualdad, 2017.

 

El martes 17 de octubre de 2017 la Organización para las Naciones Unidas (ONU) conmemoró el Día Internacional de la Erradicación de la Pobreza. Como parte de ello, el Fondo de Población de la ONU publicó el documento Mundos aparte: la salud y los derechos reproductivos en tiempos de desigualdad, que puede consultarse en línea y descargarse en la siguiente dirección electrónica: https://www.unfpa.org/es/swop .

En el prólogo puede leerse lo siguiente:

En estos momentos, según los cálculos de Wealth-X, la riqueza combinada de 2.473 multimillonarios supera los 7,7 billones de dólares, equivalente al producto interno bruto combinado de las cuatro quintas partes de los países del mundo en 2015 —por increíble que parezca—. Por tanto, mientras que algunos hogares privilegiados manejan presupuestos millonarios, cientos de millones de familias se las arreglan a duras penas con 1,25 dólares al día, o menos. […]

La desigualdad suele entenderse en términos de ingresos o riqueza, la línea divisoria que separa a los ricos de los pobres. Pero, en realidad, las disparidades económicas son sólo una de las facetas de la desigualdad. Existen muchas otras dimensiones de carácter social, racial, político e institucional que se refuerzan las unas a las otras y en conjunto bloquean las esperanzas de mejora de las personas marginadas.

En el universo de la pobreza, el rincón más castigado es seguramente el de las mujeres de escasos o nulos recursos que pueblan en su mayoría el medio rural:

La desigualdad de género y la disparidad en el disfrute de la salud y los derechos sexuales y reproductivos son dos aspectos fundamentales que no reciben suficiente atención, especialmente el último. Aunque ninguna de estas dimensiones explica por completo la desigualdad en el mundo actual, son piezas esenciales que demandan mayor iniciativa. De lo contrario, muchas mujeres y niñas permanecerán atrapadas en un círculo vicioso depobreza, capacidades reducidas, e imposibilidad de ejercer sus derechos humanos y desarrollar supotencial —en especial, en los países en desarrollo, donde las diferencias son más pronunciadas—.

La palabra clave del párrafo anterior es atrapadas, porque esa es la trampa que este mundo tan escandalosamente desigual ha puesto al 43% de las mujeres de los países pobres. Cepo que aprietan con inaceptablecinismo, hipocresía y hasta mala fe los sectores más conservadores de la sociedad, que gesticulan y manotean cuando nos quieren asustar con el ‘petate del muerto’ esgrimiendo esa entelequia creada por ellos mismos a la que llaman “ideología de género”. Entelequia que nada tiene que ver con el serio campo interdisciplinario de estudios sobre el género como una realidad multidimensional que rebasa ampliamente la estrechez de miras, la ignorancia científica y, para colmo, la falta de caridad cristiana que caracterizan a muchos de estos grupos ultraconservadores.

Con motivo de la aparición de este documento de la ONU, el periódico El País publicó el pasado miércoles 18 de octubre de 2017 un artículo titulado Más acceso a anticonceptivos, menos pobreza (https://elpais.com/elpais/2017/10/16/planeta_futuro/1508160770_751227.html), en el que se señala que el 95% de los embarazos en la adolescencia se registra en países en desarrollo, donde 1.1 millones de madres son menores de 15 años. Además, la tasa de fecundidad de las adolescentes que residen en el 20% de los hogares más pobres es casi tres veces superior a la de las adolescentes del 20% de los hogares más ricos y el número de partos entre las adolescentes que residen en zonas rurales duplica al de las que viven en zonas urbanas.

Según un informe del Foro Económico Mundial, en 2016 empeoró la desigualdad de género en varias regiones del mundo. A ello está contribuyendo sustancialmente el Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica:

 

Los tijeretazos de Trump, en línea con los sistemáticos recortes de las anteriores administraciones republicanas, llegaron hasta el mismo Fondo de Población de ONU. En abril el país, principal financiador de la agencia, le cortó el grifo, alegando que el organismo apoya abortos forzados en China. La organización, sin embargo, negó categóricamente la acusación. Estas medidas se suman a otra aprobada a principios de octubre, cuando se anunció una limitación del acceso gratuito a anticonceptivos para miles de mujeres estadounidenses al permitir a aseguradoras y empresas privadas que rechacen ofrecer estos métodos en sus seguros médicos por motivos religiosos o morales.

 

Contando hoy en día con métodos anticonceptivos razonablemente seguros, confiables y baratos, es asombroso saber que el número de embarazos no deseados al año en todo el mundo oscila alrededor de 89 millones. Y es también sabido que el riesgo de exclusión laboral en estas mujeres aumenta considerablemente por esta misma razón. Es un círculo vicioso: menor acceso a métodos anticonceptivos conduce a menos oportunidades laborales, lo que perpetúa la permanencia en la pobreza y con ello setiene menos acceso a la planeación de la vida reproductiva.

Reconociendo que ampliar la disponibilidad y accesibilidad de la información y los servicios en el ámbito de la salud reproductiva sólo es una parte de la solución, el artículo de El País señala que “la discriminación en el trabajo está estrechamente vinculada con el acceso a la educación. Las mujeres analfabetas alrededor del mundo son 479 millones, según datos de la UNESCO. Millones de niñas en edad escolar de primaria no asisten a la escuela y la brecha aumenta en la enseñanza secundaria, lo que limita también el nivel de ingresos en las etapas posteriores de la vida y expone a las niñas a un mayor riesgo de embarazos en la adolescencia”.

Luis Mora, responsable de género, derechos humanos y cultura del Fondo de Población de Naciones Unidas, considera que esta problemática todavía no recibe la atención necesaria en la lucha para erradicar la pobreza y sostiene que “seguir invirtiendo en políticas de igualdad no es una opción, sino un imperativo social y económico. Si no lo hacemos, no podremos lograr las metas de desarrollo sostenible para 2030”.

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