Por: Itzel Vargas Rodríguez

De forma figurativa, justo la semana pasada me atreví a mencionar la forma en que muchas veces, personas ajenas a nuestro entorno, pueden de un momento a otro cambiarnos el rumbo de la existencia, haciendo alusión al piloto de la empresa alemana Germanwings, quien por decisión propia, deliberadamente estrelló un avión con 150 pasajeros en los Alpes franceses.

Pues bien, precisamente el día en que envié esa columna a esta editorial, me tocó ser testigo presencial de un accidente por demás tétrico, y, como suele ser la vida de cínica, me tocó rememorar justo las palabras que horas antes había escrito.

Acudí al cine por la tarde con unas amigas, a ver la película de “Cenicienta”. Cuando terminó la función, salimos del lugar y entre pláticas nos mostrábamos enternecidas por las escenas de aquella famosa historia con la que crecimos muchas mujeres. Y ya estando fuera, justo cuando decidíamos irnos a un café para continuar platicando y ponernos al día, un carro de repente arrancó de la nada del estacionamiento a muchísima velocidad, dirigiéndose a las carteleras y posteriormente hacia las taquillas llevándose consigo a más de una veintena de personas, de las que varias no pudieron correr a tiempo. Todo esto ocurrió en escasos segundos.

Cuando mis amigas y yo dejamos de escuchar que el carro aceleraba en el momento de este evento, nos giramos a ver las consecuencias y para sombría sorpresa había más de ocho personas en el piso, de las cuales dos, en esos momentos, no se movían. Imagínese la impresión, acudir a un lugar que se supone es de lo más sano, seguro y familiar y que resulte un evento así. Por fortuna y bendición, ninguna persona falleció, pero sí varias tuvieron que acudir al hospital.

Aprovecho ahora este espacio, porque me parece que la responsabilidad civil debe responder en todo acto y lugar, más en los accidentes que suelen ser eso, accidentes.

Y, haciéndole honor al dicho de “muerto el niño, tapado el pozo”, me parece importante mencionar que en este caso es necesario poner sobre la mesa, que los establecimientos comerciales o de esparcimiento cuyo estacionamiento esté conjunto, debieran garantizar la seguridad de las personas. Como solución momentánea se me ocurren vallas, por ejemplo. Pero en este caso, resalta la responsabilidad empresarial, que a ya una semana de dicho evento, no ha saltado a relucir o declarar en ningún medio local, siendo que este accidente fue en su momento bastante mencionado.

En segundo término, me gustaría hacer público reconocimiento a aquellos trabajadores de dicho cine (que se encuentra en el nor-poniente de la ciudad) quienes atendieron en todo momento a las víctimas. Pues en este caso, resalta la responsabilidad civil y ellos no dudaron en priorizar entre su trabajo y el bienestar de la gente.

Por todo lo demás, no me queda más que desearles a aquellas víctimas pronta recuperación, al igual que a la persona que lamentablemente lo causó, al parecer, involuntariamente.

A otra cosa mariposa: Dijo un amigo en su cuenta de facebook “Como ya comenzaron las campañas electoreras, yo mejor me voy” y éste es un perfecto alusivo a la gran cantidad de propaganda que se verá durante los siguientes meses y que si no está bien hecha, planeada y ejecutada, terminará siendo un dolor de cabeza. Ya veremos de qué calidad están hechas las estrategias electorales y las propuestas de los candidatos, porque estos últimos deberán convencer a una ciudadanía bastante incrédula y cansada, y para ello, hace falta más que un spot o un espectacular que anuncien el nombre.

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