Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Como dijo el presidente, la pandemia “nos vino como anillo al dedo”; desde luego, para mal de muchos. En el campo educativo, pero de buena fe, la enseñanza diferenciada es como “anillo al dedo” para la atención de los efectos negativos de la pandemia. Por el confinamiento, las diferencias individuales se profundizaron, más aún, entre los alumnos de educación básica durante el estudiado a distancia: unos, ciertamente, lograron avanzar en sus aprendizajes; otros disminuyeron en los conocimientos; otros más se estancaron y no faltaron los que, de plano, retrocedieron en sus aprendizajes; de manera que si antes había diferencias entre alumnos, hoy se multiplicaron y ahondaron esas diferencias; por lo tanto, la enseñanza diferenciada es una buena opción.

En el Taller Intensivo “Reflexiones, estrategias y compromisos para el regreso a clases” que se lleva a cabo con maestras y maestros, rumbo al ciclo escolar 2021-2022, se está haciendo mucho énfasis en la enseñanza diferenciada basada en las diversas necesidades de los alumnos; y aun cuando esto no es algo nuevo, sí tiene especial importancia para superar los procesos educativos en las actuales circunstancias por la pandemia. Una de las personalidades más destacadas, sobre este enfoque pedagógico, es Carol Ann Tomlinson, de la Universidad de Virginia (USA), quien dice “según veo las cosas, hay tres formas de manejar las diferencias de los alumnos. Una es ignorándolas”. Esto es, se sabe que los alumnos son desiguales, pero se ignoran las diferencias y se enseña a todos por igual: con la misma planeación didáctica, las mismas actividades de aprendizaje, los mismos materiales de apoyo y los mismos criterios de evaluación; por lo que los resultados del proceso enseñanza-aprendizaje son de bajo nivel. La segunda forma de atender la desigualdad -dice Tomlinson- es separando o clasificando a los alumnos en inteligentes y los que no lo son. Los no inteligentes son los muchachos que tienen problemas para aprender Matemáticas, Lenguaje, Inglés, Ciencias, Historia y demás asignaturas; y los inteligentes son los que aprenden todo. Esta forma de clasificar o separar a los alumnos perjudica más a los no inteligentes, porque no se les permite socializar conocimientos, toda vez que se les aísla y subestima. Analizando la procedencia de los no inteligentes, éstos generalmente pertenecen a los grupos socialmente vulnerables o pobres; en cambio, los inteligentes proceden de niveles económicos superiores. “Por lo tanto, la brecha entre los que tienen y los que no tienen se ve reforzada en la escuela en lugar de superar las diferencias”.

La tercera alternativa, desafortunadamente menos común, “es mantener a los alumnos juntos dentro de un currículo exigente pero atendiendo a sus necesidades individuales, sus intereses y sus formas preferidas de aprender… y cuando hacemos esto, los resultados son impresionantes”. Se parte del principio de que todos los alumnos son capaces de hacer un buen trabajo, pero de acuerdo con sus capacidades y gustos.

Imagine, la diversidad de formas que los educandos, individualmente, emplearon para aprender a distancia, dignas de recuperarlas para continuar con sus estudios; también es necesario reconocer la diversidad de estudiantes que generó la pandemia: alumnos exitosos que siempre estuvieron en comunicación con sus maestros realizando las actividades señaladas y las de su iniciativa; alumnos que intentaron hacer los trabajos, pero sus avances fueron mínimos; muchachos que intentaron estudiar, pero las actividades económicas de apoyo a la familia los absorbieron; y muchachos que dejaron de estudiar. Al iniciar el ciclo escolar 2021-2022, regresarán estos alumnos a clases con sus diversos niveles de aprendizaje, así como variadas necesidades e intereses. En estas circunstancias es cuando viene como “anillo al dedo” la enseñanza diferenciada que “atiende necesidades individuales, intereses y forma preferidas de aprender” de los alumnos. Maestro, una buena opción pedagógica.