Azucena Vásquez
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-México será uno de los países donde los consumidores no enfrentarán una recesión económica en América Latina en 2023, estima Oxford Economics.
Tanto el País como Perú son los únicos de Latinoamérica que cuentan con las condiciones para evitar este escenario, señala un análisis sobre la región y los consumidores de la consultora en temas de riesgo y macroeconomía.
«Hemos construido un cuadro de mando para clasificar los países de América Latina según el riesgo de recesión del consumidor en 2023. Es casi inevitable en Chile y Colombia, pero México y Perú están en mejor forma», describe.
Una de las razones es que los hogares de ambos países tienen ahorros generados en la pandemia y salarios reales positivos que les permitirán seguir gastando el año próximo, explica.
Es decir, los salarios no han cedido a las demandas de incremento ocasionadas por la presión del aumento en la inflación.
Esto se debe a que en México se han aplicado políticas monetarias más graduales que en otros países de América Latina.
Además, México tiene una baja penetración bancaria respecto a Brasil, lo que ayuda a que las alzas de la tasa de interés del Banxico para enfrentar la inflación no tengan un elevado impacto.
De acuerdo con el diagnóstico, las condiciones que presentan Perú y México se muestran ausentes o incompletas en el resto de países.
«Derivan de una combinación entre el entorno económico, dinámica de mercado de trabajo y la peculiar política monetaria», enfatiza.
Sobre el resto de economías de la región, destaca el doble riesgo que representará equilibrar la desaceleración de la actividad productiva, a la vez que se intenta controlar la inflación.
Advierte que una mala medida de política económica podría empeorar tanto la producción como el nivel de precios, lo que desembocaría en una estanflación (que es la combinación de una elevada inflación y un estancamiento económico).
«La economía de América Latina entra en el nuevo año con una base debilitada. Nuestros temas de 2022 giran en torno de la lucha inherente entre apoyar una economía en desaceleración contra controlar una inflación incómodamente alta.
«Y dado que los bancos centrales no siguen el mismo libro de reglas, las posibilidades de errores de política son alta», añade.