Dulce Soto
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- “Ya estamos cansados en todo: cansados mentalmente, corporalmente. Muchas veces te sientes incapaz porque ya no sabes qué más hacerle al paciente, pero hay que seguir al pie del cañón porque esto no se ha acabado”, señala la urgencióloga Olivia Nava del Hospital Regional “Gral. Ignacio Zaragoza” del ISSSTE.
Hace dos años que terminó la especialidad que eligió porque su vocación es salvar vidas.
Ahora, la médica se enfrentó a una de las peores pandemias de los últimos tiempos y con ella le ha tocado ver morir a varios pacientes.
“A mí me encanta la medicina de urgencias. Yo dije: ‘Tengo que salvar vidas’. Y ese fue mi impulso para acabar la especialidad. Ese ha sido mi impulso siempre; pero enfrentar tantas muertes, sí nos desanima”, comenta la especialista de 30 años.
Pero aunque en Urgencias es común atender a pacientes graves y registrar decesos, nunca se había enfrentado a tantas muertes diarias.
“Esa sensación de que no puedes hacer nada, de que se sale de tus manos, te deja mal. Al principio de la epidemia eran 12, 18 muertes al día. Eso sí nos marcó a todos. Antes se iba un paciente y podías recobrar el aliento, pero al ser tantos seguidos, sí nos deja desanimados. Esta pandemia nos ha dejado marcados”, subraya.
Pese al cansancio acumulado y a que ella misma se contagió y recuperó de coronavirus, sigue atendiendo a pacientes con Covid-19.
“Yo me contagié a finales de marzo y 15 días después regresé a trabajar y lo agradecí, dije qué bueno que fue al inicio, cuando no había tanta cantidad de pacientes, porque ya cuando regresé fue el pico máximo y pensé: ‘Estoy haciendo algo'”, relata..
Experimentar la enfermedad, explica, le permitió ser más sensible y comprender mejor el dolor de las personas que se infectan.