Claudia Saucedo Bermejo, coordinadora de la Unidad de Especialidades Médicas en el Centro de Atención Primaria en Adicciones del ISSEA, señaló que el encierro por el COVID-19 ha elevado el consumo de alcohol en, al menos, un 50 por ciento, de acuerdo a los resultados de estudios inherentes.
Consideró que se deben buscar alternativas de entretenimiento para que el ocio no lleve a comer y beber en demasía; además, es fundamental ejercitarse para fortalecer el sistema inmunológico.
Es importante que, quienes no puedan con las cargas de estrés, soliciten ayuda profesional, la cual se ofrece gratuitamente en el 911, así como en Línea Vive (449 9777205).
Advirtió que el consumo excesivo de bebidas alcohólicas disminuye la capacidad del cuerpo para hacer frente a enfermedades infecciosas como la causada por el COVID-19.
La emergencia sanitaria, asimismo, ha generado algunos efectos no deseados en la población; entre estos, precisamente, destacan el consumo excesivo de alcohol y de alimentos, así como la depresión.
Las bebidas alcohólicas, combinadas con el estrés y la depresión generados por la pandemia, ocasionan daños graves a la salud física, mental y social de los individuos y sus familias.
Exhortó a la población, por tal, a evitar consumir en exceso bebidas embriagantes, pues, con ello, se reduce el riesgo de depresión o ansiedad; existe la falsa creencia de que beber alcohol elimina el coronavirus, argumentó, cuando, en realidad, es contraproducente, pues agrava los efectos de éste en los individuos que lo contraen.