Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

La Casita de los espíritus

(Nota: Esta película se exhibe en cartelera comercial y se incluye en este espacio por su naturaleza analítica y observadora del fenómeno cinematográfico, pero es responsabilidad del espectador si decide asistir a una sala cinematográfica ante la contingencia sanitaria que impera).

La Familia Madrigal, habitantes de un hermoso enclave natural montañoso llamado Encanto en las llanuras más bucólicas de Colombia, viven amparados por una casa mágica que los protege y ayuda mientras ellos utilizan sus dones mágicos para ayudar a la comunidad. Sus facultades especiales les fueron concedidas mediante una vela mística que posee la abuela Alma una vez que la tragedia marcó sus vidas cuando su esposo falleció bajo circunstancias violentas hace muchos años. De este modo, al cumplir cierta edad, la casa le concede a cada habitante del hogar un poder único al atravesar una luminosa puerta que les conferirá de alguna habilidad.
Ésta es la premisa de “Encanto”, la cinta número 60 de la compañía Disney y con la que cierra un tumultuoso año en cuanto a proyectos animados se refiere ante la diversidad de oferta al respecto. La película toma como marco argumental la cultura colombiana, pero no de la forma tácita y profunda como lo hiciera su compañía hermana PIXAR con “Coco” donde la mexicanidad con todo y su ideología y constructos socioculturales eran un factor integral en la trama, sino que la etnia sudamericana se trabaja más como un punto de partida folclorista para contarnos una historia sobre la familia, el amor propio y la identidad sin que los elementos distintivos de ese país jueguen un papel primordial, aún si en la cinta se sirven arepas para desayunar y los colores de la bandera colombiana se aprecian constantemente en sombrillas y mantas. Los temas universales que trata la película se van a centrar en Mirabel Madrigal, una vivaz e inteligente jovencita que convive armoniosamente con su entorno y más o menos con el resto de su superpoderosa familia debido a que siendo niña se le fue negado misteriosamente algún don, lo que la convierte en una suerte de oveja negra a los ojos de la abuela Alma, mas no así para sus padres y la mayoría de sus hermanas, quienes la aceptan y aman como es. Por desgracia, Maribel comienza a tener fatídicas visiones sobre la estabilidad mágica de la vela, fuente de las habilidades místicas de la familia, por lo que comienza a investigar hasta toparse con un pariente de nombre Bruno a quien se le exilió del hogar por sus supuestas habilidades quirománticas oscuras y quien probablemente tenga la clave para detener estos terribles acontecimientos.
“Encanto” es un espectáculo que deslumbra la vista al limitarse tan sólo a aludir a Colombia como escenario mediante sus componentes más reconocibles como las cumbias y el retrato de la diversidad étnica que existe en el lugar, así como guiños y asomos al realismo mágico generado por Gabriel García Márquez en sus inmortales textos al punto que el poblado de Encanto es una clara referencia al Macondo de “100 Años de Soledad” con todo y sus mariposas amarillas, pero esto no basta para producir drama cuando lo evidente en esta producción es tan solo entretener. Y en ello cumple cabalmente, pues los números musicales son esplendorosos con un trabajo de animación muy depurado y afinado acompañado de las efectivas composiciones de Lin-Manuel Miranda, tal vez lo mejor que ha hecho para cine este dominicano en su corta pero exitosa carrera fuera de Broadway. Este factor, sin embargo, sólo enmascara el hecho de que la historia no logra valerse adecuadamente de su contexto geográfico para presentar una trama trillada que telegrafía sus movimientos demasiado pronto, y en ello es una total decepción, ya que la lucha de Mirabel por ser aceptada y encontrar su identidad como una persona normal en un núcleo familiar que no lo es se trabaja temáticamente bien, pero sin que la identidad colombiana destaque o se integre al proceso correctamente, por lo que todo pudo transcurrir en América del Sur o Rusia ya que la geografía al final carece de relevancia. Esto no evita que algunos momentos de la cinta brillen, como la presentación de los demás Madrigal, como Luisa y su desmesurada fuerza quien tiene uno de los mejores momentos musicales de la película o Isabela, considerada perfecta y capaz de producir cualquier tipo de flor pero cuya psicología se ve afectada ante la imposibilidad de casarse por amor. Cada uno de los miembros de esta peculiar familia tiene su momento y punto de exploración en el filme y eso se agradece, pero al final estos esfuerzos narrativos son puestos al servicio de una historia que no contribuye o ingenia algo a lo que hemos visto en tantas otras cintas similares. “Encanto” tiene eso mismo y a granel, pero no suple la necesidad del espectador porque se le ofrezcan historias mejor trabajadas o más interesantes que un colorido y folclórico espectáculo.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com

¡Participa con tu opinión!